sábado, 28 de septiembre de 2024

Tareas escolares: ¿sí o no?

 







Todo un debate está generado a propósito de “las tareas escolares”, y ello porque se ha desvirtuado su intención pedagógica del incentivo de la responsabilidad e investigación como parte del proceso de enseñanza-aprendizaje de los educandos. 

Por un lado, ha ocurrido que a menos tareas más aprobación de los padres de familia a la hora de valorar el servicio educativo de las escuelas. Atreviéndose, incluso, a calificarlas de mayor renombre o prestigio, así como descalificarlas, de acuerdo con la cantidad de tareas, obteniendo la gloria aquellas escuelas “sin tareas para la casa”. Criterio inaceptable.  

Por otro lado, no ocurre el interés de la escuela – salvo excepciones – por enfocar o encauzar la intención pedagógica de las tareas escolares, lo que desmerece, no solo la profesión docente, sino la calidad de enseñanza. 

Primero, entonces, hay que poner a consideración que, aunque la propaganda ministerial divulgue, televisiva o virtualmente, que este gobierno le pone punche a todo, la cruda realidad describe que no estamos mejor que antes, ni menos a la vanguardia en calidad educativa; por tanto, no se trata de “endemoniar” a la tarea escolar para extinguirla del quehacer educativo, creyendo con eso ayudar a la mejora de la labor educativa, sino asumir – docentes y magisterio – que no hemos sabido portearla en el tiempo para estar acorde con las exigencias del mismo.

La tarea escolar no es una extensión de la clase. Menos, sirve para completar lo que no pudo concluirse en la misma. Tampoco, una extensa batería repetitiva de ejercicios “tipo” para que el educando memorice la lección.

La tarea escolar es el medio para habituar al educando a verse responsable sobre algo y, ese algo, definitivamente condicionado a sus intereses – o al despertar de estos – para iniciar el proceso de construcción de su identidad y carácter, o fortalecerlo – según sea la edad y transcurso en el grado, nivel o ciclo educativo correspondiente – y, consecuentemente, también generar e ir reconociéndole la creatividad, pero no aquella mal entendida y concentrada única y solamente en el arte. De tal manera que – sin siquiera preocuparnos en conceptualizar el término responsabilidad – es como la intención pedagógica de la tarea se va concretizando y conllevando al educando a aprender a valorar su tiempo fuera de la escuela, el mismo sobre el que principalmente vaya dando cuenta del uso y destino para resolver o atender sus asuntos y, entre tantos posibles asuntos, uno específico para la tarea escolar.

Lo que sigue ahora es saber qué tarea escolar. Pues, “investigar”. Pero, no bajo parámetros ni exigencias del método científico – no todavía si lo que no se sabe de tarea escolar recién se está por saber – porque sería más de lo mismo; es decir, desvirtuar la intención pedagógica – por parte del docente – y el consiguiente aborrecimiento y rechazo a las tareas escolares – por parte del educando – convirtiéndose aquello en argumento para medir y descalificar el servicio escolar por parte de los padres de familia.

Sépase que el mundo al que nos vemos rodeados cada uno es una fuente cuantiosa e inagotable de información. Esa información está ávida para ser recogida a través de la experiencia y creatividad. Es más, hoy la tecnología nos la pone más al alcance, a diferencia de lo lejana o trabajosa que fue hace poco nomás para otras generaciones; es decir, hay mucho por saber y es más fácil “investigar” para saber.

Entonces, pongámonos al día, y lo haremos los docentes y las escuelas dejando de hibernar la creatividad pedagógica, empezando por pensar a “discriminar” – entre tanta información – la relevante, de lo irrelevante, para luego atenuarla a los intereses propios de la edad, al nexo con la currícula escolar y a la mayor estimulación del cerebro – más, cuándo hoy se sabe cómo aprende mejor el mismo – de modo que la tarea escolar dé cuenta que no debe volver a ser juzgada sino valorada porque no se trata de abultarla o aminorarla de cantidad, ni continuidad, ni sobreexigencia académica,  sino de calidad pedagógica.  

-       - ¿Tienes tarea? – pregunta la mamá

-       - Sí, mamá. – responde el hijo

-       - ¡¡¡Pero, esta tarea sí que la entiendo y está interesante!!! – alega, con cierto tono de placer, el hijo

He ahí la tarea sobre la tarea que le concierne a quienes nos profesionalizamos en educación escolar.                                 

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