Las emociones no son ajenas a nadie. Se gatillan y aparecen en sus diferentes modalidades, pudiendo regir nuestra conducta y comportamiento, tanto en un sentido favorable y constructivo como desfavorable o destructivo, y a nivel intrapersonal e interpersonal (relaciones sociales).
Cualquier
evento suscita que las emociones aparezcan. Tales eventos, entonces, gatillan
las emociones. Pero, no es que la emoción a suscitarse sea totalmente dependiente
del evento, ya que en parte también habría cierta dependencia de cómo cada uno pueda
sentir, expresar y desarrollar el miedo, el afecto, la tristeza, el enojo, la alegría,
el asco y la sorpresa, frente a un evento. Siendo todas estas emociones las más
comunes y suscitadas principalmente en cualquier ser humano.
Ahora, si dirigimos la mirada hacia los docentes, no cabe duda de que ninguno escapa de las emociones; por tanto, debería surgir el interés y preocupación de las autoridades educativas inmediatas, empezando – por ejemplo – por los de la propia escuela, para saber cuánta implicancia positiva o negativa pudieran estar desatando las emociones sobre el desempeño docente.
Se
dice que “cada uno es un mundo”, y lo es porque cada uno puede ser tan igual como
tan extremadamente diferente a otro, por todo lo que es y no es, posee y no
posee, piensa y no piensa, cree y no cree, vive y no vive y experimenta y no
experimenta, en esta vida. Pero, lejos de no importarnos esa diferencia por ser
tanta, la ciencia advierte que la misma debe ser tomada en cuenta para saber –
no todo –, pero sí algo de “ese mundo”, de cada uno, y más cuando tienen como
encargo la educación básica de grupos de niños y adolescentes, día tras día,
meses tras meses y años tras años.
La
teoría de la complejidad refiere que cuando todo un sistema está visto afectado,
debe darse atención a lo que no se toma en cuenta como posible causa, porque se
lo cree insignificante. Y, justamente, son a las emociones a las que poca
importancia se les ha dado, apartándolas de las posibles causas de las malas
enseñanzas o pésimos logros educativos, pese a tanto de lo que se supone se
hace por revertir tales resultados.
Las
emociones no son más un tema íntimo ni confidencial cuando sus efectos se
trasladan a los grupos humanos que se tiene por encargo educar. Y, dígase efectos
positivos o negativos, porque los positivos hay que avivarlos, mientras a los negativos
sofocarlos.
Siempre
ha habido buenos y malos docentes. Más buenos y unos cuantos malos por ahí siendo
la excepción. Pero, hoy, la realidad nos da a saber de que parece estar invertida
la cuenta. Y, nuevamente, pese a tanto de lo que se supone se hace por revertir
tales resultados. Entonces, es hora de dar atención a los docentes y sus
emociones.
Se
ha dicho que el inicio es saber algo del mundo de quienes están en la tarea de
educar. Y, esto porque es un error quedarse en el nivel de la suposición de
cuál sería su mundo fuera de la escuela. No es un modo de inmiscuirse en la
vida de los docentes, sino saber de la persona para conocerla e identificar sus
eventos que viven más allá de la escuela y puedan estar alentando o perturbando
sus conductas y comportamientos a causa de emociones bien o mal gestionadas.
Dado
el primer paso, el segundo viene de manera impensada porque conocer algo de su
mundo debe conllevar al docente al autorreconocimiento de las emociones que tal
vez ni él o ella misma sabía lo abrumaba o qué eventos de su mundo podrían estar
gatillando la aparición constante de las emociones. A esta realidad, no escapa
el mundo de la propia escuela, como otro escenario, donde diversas situaciones pudieran
también estar gatillando la aparición de emociones, generando incluso en los docentes
estados de ánimo de interrupción u obstaculización para un buen desempeño.
En
el budismo, la práctica de la meditación conlleva a prestar una atención
exclusiva a lo que pudiera permitir – entre tanto – al control de sus emociones.
Pero, ya que la ciencia está participando en explicar más sobre las emociones, también
trae consigo la propuesta de técnicas de reconocimiento y manejo emocional que
bien pueden adaptarse, variarse o reinventarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario