No
puedo negar que quienes fuimos adolescentes y jóvenes, también imitábamos o
repetíamos las tendencias, estilos y modas propias de la época, pero no llegó a
pasar lo que lamentablemente está ocurriendo con los adolescentes y jóvenes de
remedar lo que dicen y hacen estos nuevos personajes televisivos mal llamados
“ídolos”, y a los que sin mediar reparo alguno se les celebra sus escándalos, groserías,
agresividad e ignorancia.
“Me
arrepiento”, “pido disculpas”, “lo hice sin pensar”, “voy a dar todo de mí”, “todos
tenemos derecho a una segunda oportunidad”, etc., eran expresiones del lenguaje
formal y, ahora, convertidas en frases cliché al haber perdido el sentido
expreso de su valor semántico, connotativo o como quiera y corresponda llamársele.
Ocurre que quién puede creer en el sentido real de estas expresiones si se
dicen por doquier y sin pensar porque se repiten cual reacción automática ante
tanta reincidencia de “metidas de pata”, errores y faltas graves de conducta
con las que se sostiene el rating de algunos programas televisivos dizque de
“competencias”, y que han embelesado a una gran mayoría, sino toda, nuestra
adolescencia y juventud. Y, es justamente lo que también remedan en los roles
de su vida diaria.
Escuchaba
hablar a un grupo de adolescentes, y por un momento sentí que me hablaban en
otro idioma o, en el colmo, de temas totalmente irrelevantes y superfluos al
oír su enorme preocupación y opinión por el estado emocional de una fémina
combatiente y su posible relación amorosa con un extranjero. Y, les aseguro que
no se trataba del hecho de que soy, en edad, un “tío” para ellos, que no estoy en su onda o que no he visto
estos programas, sino la incapacidad para expresar por completo frases u
oraciones usadas en su diálogo.
“¿A
dónde iremos a parar?”, dice la letra de una reflexiva canción. Entonces, al
saber que se persiste en la indiferencia por la formación y educación de
quienes son el futuro del país, niños y adolescentes, y al ver tanto mal
ejemplo remedado cual mal entendida moda o actualidad, digo que no es necesario
presagiar a dónde iremos a parar porque ya estamos sobre un terreno donde sus
habitantes parecieran haber “desevolucionado” de una época de significativos
aprendizajes, conocimientos y desarrollo a otra llamada de inicio o de las
cavernas.
¡Hum,
y… nada!
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo

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