Ya
me tocó. Sí, me tocó lidiar con un par de “arquitectas” de quienes debo
cuestionar su calidad profesional, no sólo por la actuación y conducta
antagónica a la esencia artística de su profesión, sino por su despótica práctica de autoridad para
“aprobar” o “desaprobar” diseños arquitectónicos
de proyectos inmobiliarios.
Esta
vez, y no sé si antes por no haberme “tocado”, el Colegio Profesional equivocó
su selección de integrantes de una Comisión Técnica. Y, vista la función
delegada, no cabe duda que posee alta responsabilidad sobre quien lo
representa. Entonces, le digo al mismo que, tomando en referencia a esas dos
señoras, no vuelva a dejarse sorprender documentaria y/o verbalmente. O, en
otra medida, entrénese a los posibles futuros seleccionados en el desarrollo de
capacidades y actitudes que no les permitan distorsionar el sentido de
autoridad delegada. Del mismo modo, a no alucinar superioridad de competencia
profesional por sobre otros profesionales de la arquitectura, debiendo admitir
la opinión, el debate o la discusión técnica sin consecuentes “ojerizas” sobre
un determinado proyecto y/o profesional.
Ocurrió
que, si a esas señoras algo no les parecía “bien” o “bueno” acerca del proyecto,
y sin oír razones o desplegar sus buenos oficios, sólo atinaban a imprimir su “Desaprobación”.
No lograban entender que su cargo no les daba autoridad para disponer o rehacer
“mis espacios” a preferencias y gustos de ambas, sino a su intervención vigilante
del cumplimiento de las normas técnicas inscritas en el Reglamento Nacional de
Edificaciones. Por otro lado, a orientar o sugerir posibles opciones de diseño arquitectónico,
siempre y cuando, su intervención proporcione mayor y/o mejor confort,
funcionalidad o estética arquitectónica al diseño en proyecto. Pero, ello no
pasó. En el colmo, ambas señoras se atrevieron a menospreciar hasta los detalles
estéticos que habían sido considerados en la fachada. Justamente aquellos
propuestos para no romper, según la norma, con la armonía arquitectónica de las
demás viviendas, no sólo aledañas al proyecto, sino a la particularidad
histórica del distrito. Me obligaron a “sacarlos”, bajo un argumento ni técnico
ni profesional, y sí enteramente caprichoso y abusivo. Visto el caso, quedaban
dos opciones. La primera, rehacer los planos a preferencia y gusto de las
señoras. La segunda, convertirme en uno más de los muchísimos que construyen a
espaldas de cualquier previo trámite de licencia. Comprendo ahora por qué tanto
desorden urbanístico.
Sin
ser arquitecto, sé que la arquitectura es el arte y la técnica por la que se diseña
la transformación de los espacios donde se desenvuelve el hombre para confort,
funcionalidad y valor estético.
Sin
ser abogado, sé que proyectar una edificación se sujeta a las leyes y sus
reglamentos en todo cuanto éstas prescriban, pero, también, “en todo cuanto no
lo prohíban”.
Entonces,
al Colegio de Arquitectos del Perú, les solicitaría hacer reflexionar a sus
comisionados al respecto.
Edgar
Andrés Cuya Morales
Pedagogo

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