Reza un dicho popular
“de gustos y colores no han escrito los autores”. Tal vez, por éste se valide
la transformación de simples mototaxis en vehículos bastante extravagantes y,
además, bulliciosos cuales discotecas ambulantes. Sin embargo, lucirse por las
calles no garantiza que todo va acorde con el ejercicio de la libertad o el acatamiento
a la ley porque en este país estamos a punto de creer que la convivencia en
sociedad anda retorcida.
Pero,
el tema en opinión no se basa en el color, líneas, dibujos, luces, sonido o
elementos decorativos con los que se suelen transformar a las mototaxis en
vehículos con cierta apariencia espacial, sino en sus mal vistos conductores.
Sí, en aquellos jovencitos, en su gran mayoría, que han hecho del manejo de la
mototaxi un medio de vida, no exactamente para subsistir, sino para desatar el
desorden vehicular, exponer a otros al peligro de muerte, cometer actos
delictivos, hacerse las posibles víctimas en un accidente, competir en las
pistas cual vehículo motorizado de cuatro o más ruedas, y demás, habiéndose perdido
el sentido de su servicio, sobretodo, en zonas urbanas. No quisiera
generalizar, pero son tantas las deficiencias en el servicio que resulta difícil
referir que se traten de casos poco contados o inusuales conductas inapropiadas
sólo de algunos de sus conductores.
“Si
no se tiene autorización para hacer algo, buscamos sacarle la vuelta”. Y, eso
es así por idiosincrasia, pero su remiendo es la formación y educación. Entonces,
sucede que la ausencia del remiendo es capaz de conducirnos a niveles donde creemos
que todo está permitido, todo se puede, todo se disculpa, todo se compra o
vende, etc.; claro está, hablando en el sentido de los actos negativos. Por eso,
no me canso en decir que quienes tienen alguna autoridad sobre este país, se
obligan prioritariamente a educar y/o reeducar a a la población porque somos
testigos, y si aún no le tocó, posibles víctimas de la barbarie devenida de una
ciudad cuyos sujetos, en mayoría y sin distinción de sexo, se están rigiendo
por la ley del más fuerte, más avezado, más corrupto, más desleal, etc.
Muchos
piden más leyes, otros dicen que las leyes existen y sólo habría que hacerlas
cumplir, pero yo les digo a quienes dirigen nuestros destinos como país que quienes
no pertenecemos a esa selecta sociedad que se luce con sus puestos de trabajo,
casas en playa, abarrotados coches en los supermercados, costosas escuelas o
universidades, etc. que somos en mayoría los que no gozamos de esos privilegios,
entonces urge la atención inmediata porque no sólo estamos mal
económicamente, sino cayendo en la pobreza formativa y educativa.
Continuará…
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo

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