miércoles, 4 de marzo de 2026

"Se aparenta educar, desnaturalizando lo básico y elemental"


La falta de una oficialidad genera intentos de interpretación y organización para reacomodar y explicar el sentido y composición de la escolaridad. Siendo así, podría decirse que la escolaridad es un etapa comprendida entre los 0 y 17 años, y en 3 niveles de ascenso: inicial, primaria y secundaria. Del mismo modo, dentro de 7 ciclos de desarrollo: I ciclo (0 a 2 años), II ciclo (3 a 5 años de inicial), III ciclo (1ro. y 2do. grado de primaria), IV ciclo (3ro. y 4to. grado de primaria), V ciclo (5to. y 6to. grado de primaria), VI (1ro. y 2do. año de secundaria) y VII (3ro. a 5to. año de secundaria). 
Sin embargo, cualquiera de las buenas intenciones que tuvo la incorporación del término "ciclo" en la etapa de la escolaridad, no ha repercutido en la facilitación de la tarea educativa, ni mejoras sobre la calidad de los aprendizajes. Lo que parece indicar que, desde haber sido desterrado el anterior modelo pedagógico e impuesto este otro modelo "constructivista" (de eso hace aproximadamente 25 años), la escolaridad sigue transitando por imposiciones que están desnaturalizando lo básico y elemental de la escolaridad.
No hay duda sobre haber escuelas cumpliendo con el propósito de su naturaleza o existencia. Pero, tampoco hay duda sobre haber suficientes resultados de una pésima educación. Lo que debería preocuparnos porque de ser mala ha pasado a ser pésima.
Hace poco acudí - de curioso - a un evento universitario sobre un conversatorio de la realidad educativa escolar y su prospección al 2036... A la que acudieron, como sus invitados, "especialistas" y hasta un ex-ministro de educación. Pero, y como pude volver a comprobar, siendo otro más de esos infructuosos eventos donde parecen estar más interesados en adular e inflar el ego del invitado y no llegar a meas culpas ni conclusiones reales o viables de corrección o reorientación del quehacer educativo para atender la supuesta motivación del evento.
Un día menos de reorientación sobre el quehacer educativo es un día más de retraso en la mejora de la calidad de los aprendizajes.
La reorientación es exigible desde que se ha malinterpretado el buen sentido de un modelo que supuestamente debe construir aprendizajes, evaluar formativamente y ejercitar y desarrollar los talentos; es decir, aprender a Saber, Hacer y Ser de modo integral. Pero, lo que se está haciendo en un sinnúmero de escuelas es aparentar educar en competencias y emprendimientos, conllevando a desnaturalizar lo básico y elemental de la educación escolar.        
Que el papel no aguante todo, sino lo práctico y viable a anotarse en las programaciones de las unidades didácticas.
Que el profesor sea creativo para enriquecer el desarrollo de sus sesiones de clases, y no se lo desgaste con el exceso de actividades.
Que el padre de familia eduque y/o deje educar a quien lo sabe hacer con profesionalismo.
Que se reconozca y/o premie el esfuerzo sobresaliente o destacado, y no el esfuerzo común frente a una obligación también común.
Que la escuela trace su línea de trabajo; es decir, su estilo, modo, característica, etc. Esa misma línea que le sirve de identidad institucional.
Que cada quien asuma y cumpla con lo que le toca saber, hacer y ser.
      
              
  

 
     
   
           

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