Quisiera salir a la
calle y recorrer Barranco para, durante el recorrido, reafirmar por qué es cultural
y tradicional. Quisiera salir a la calle y buscar donde apostarme para explotar
mis talentos ante su publicitada fuente de inspiración. Salir y recorrerlo sí
puedo, pero lo que no puedo es hallar tan fácilmente lo que ando buscando.
Es
así como podría sintetizar lo que viene ocurriendo con el distrito y su gente.
No todos, pero sí muchos están de espaldas a la pérdida de la identidad de Barranco
y su gente. Y, ante esa penosa realidad… no todos, pero sí muchos, viven y
conviven en el distrito sin importarles lo malo que pueda estar sucediendo hasta
en sus propias narices.
He
llegado a creer que son más los que se llenan la boca auto-distinguiéndose ante
los demás como “barranquinos”, y son menos los que les importa hacer algo por su
distrito. Ni que decir de quienes están obligados a trabajar por el distrito
porque al referir a las últimas administraciones ediles, éstas se han aprovechado
de la confianza de sus electores para servirse del cargo, luego para atender a unos
y no a todos. Y, si miramos a la actual gestión, a ésta se le ha vuelto a dar
la confianza, pero “no se oye padre”.
Hoy,
Barranco no es una ciudad limpia. Tampoco, lo es educada. Hay que tener suerte para
encontrar a alguien que te salude, oriente o te atienda educadamente. Se
defiende absurdamente a una zona monumental que se desluce en cultura o tradición,
y a la autoridad edil le hace falta cojones suficientes para saber enfrentar
cualquier posible responsabilidad del Ministerio de Cultura. La Av. Bolognesi
perdió por completo su concepto vial, comercial y arquitectónico que lo hacía
cultural y tradicional. A la Av. Grau se le ha consentido el pintarrajeo de las
fachadas, el desorden vehicular, la proliferación de “cuidadores” y “lavacarros”,
así como mantenerse lúgubre y sin atractivo comercial. En cuanto al malecón, éste
es un lugar público, y como tal debe ser aclarado a quienes lo creen de su
propiedad, y con poder para atreverse a “espantar” o calificar de “persona sospechosa”
a cuanto posible visitante decida circular por el lugar. Y, si de lo turístico
hay que hablar, parece ser que el distrito se ha vuelto un alberge de tanto
impresentable extranjero apostado en los semáforos u otros lugares del distrito
creyéndose malabaristas o expertos maestros de su incipiente joyería o artesanía.
Acabo de acordarme de los celebrados “jue…rgues”, las “ranas que cantan” y demás, pero de seguir
refiriendo, como dijera el Dr. Chapatín, me va a “dar cosa”.
Tras
sustentar la iniciativa de un proyecto de trabajo por la educación y/o
reeducación en Barranco, hice saber a un entonces candidato que la cultura y
tradición no es el Parque Municipal o el Puente de los Suspiros, sino el
distrito en sí y su gente. La cuestión es que me dijo que lo leería, pero creo
que no lo leyó, y si lo hizo no lo entendió porque está en “chino” para él y sus
ayayeros.
Continuará...

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