Quisiera saber de
quién es la culpa cuando en la cotidianeidad del día a día hay que soportar a
tanta gente mal educada. Y, mal educada no el sentido de cuánto pueda saber o
no sobre un tema, sino de aquello que no nos hace bestias.
Ni
bien se está en la calle, toca soportar o ser espectador de la malcriadeces de cada
tipo o tipa cavernícola a la que no le cabe palabra posible que la haga entrar
en razón. En un extremo, y con suma ligereza, se nos puede “mentar la madre” y “cholear”,
a viva voz y en frente de terceros, por el solo hecho de reclamarle a alguien su
posible bestialidad.
Es
una pena que se haya llegado a un punto tal que, a cualquier lado que se mire,
haya gente mal educada.
Si
le damos una mirada a la conducta de los choferes y peatones, Dios nos libre de
ser una víctima de tanto torpe “brevetado” al volante. Dios nos aleje de los “correteos”
entre microbuses. Dios nos proteja al estar en un paradero. Dios nos ilumine para
saber elegir un servicio seguro. Dios le cierre la boca al descortés o al
grosero. Dios provea de agua y jabón a muchos quienes, cual excusa del Chavo
del 8, no se bañan porque mañana volverán a ensuciarse. Dios corte las líneas
celulares para quienes anden conduciendo con el teléfono al oído. Dios le dé
fuerza física a quienes no quieren cruzar las pistas por los puentes peatonales
cuando argumentan cansancio. Dios le quite el filo a las cuchillas o navajas de
los que asaltan en el microbús. Dios le jale las orejas a la autoridad policial
cuando deben estar oportunamente en sus puestos de vigilancia. Dios le baje el
aire de las llantas al vehículo del ebrio que pretenda hacerse el “meteoro”. Dios
le ponga tachuelas en el suelo de los lugares prohibidos para estacionar. Dios
le de otro cachuelo a tanto remedo de malabarista apostado en casi todos los
semáforos de la ciudad. ¡Caray, mejor dejo de rogar tanto a Dios porque muchos seguirán
de oídos sordos o brazos cruzados.
Si
el vistazo va por la conducta del ciudadano, habría que ponerle remedio al descuido de las áreas públicas y al atentado a
la propiedad privada. Se ha comprobado que sobre el primero, el hecho va más por
la falta de consideración, civismo, cultura, interés o motivación del vecino,
que por la desatención de la autoridad edil. El hecho es discutible. Pero, no
se caiga en lo que siempre suele suceder: discutir, discutir y discutir, al
punto de desligarse del tema y sin solución alguna. Sobre lo segundo, se está siendo permisible
con hechos como el pintarrajeado de tu fachada o queja de cualquier vecino por
lo que legalmente puedas estar haciendo en tu propiedad. El derecho de una
persona termina precisamente cuando empieza el de otra. Se lee y entiende
fácil, pero no para muchos.
Continuará
porque hay que seguir mirando…

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