viernes, 19 de junio de 2015

Ahora… “lovers”



Quien vive del espectáculo requiere de audiencia. La audiencia es el público, la hinchada o como pueda llamárseles a quienes “siguen y persiguen” la vida de actores, músicos, cantantes, cómicos, políticos, escritores, etc. Hasta ahí, no habría crítica que le caiga encima. Pero, haciendo la salvedad del caso, viene ocurriendo que la televisión nacional está convirtiendo a cualquier mamarracho en “ídolo” a cuesta de cualquier “escandalete” que él o ella misma provoca o que la televisión los incita a hacerlo. Y, en el colmo, y encima de toda esa morbosidad, a los que les aparecen una colada de adolescentes y jóvenes capaces de inmortalizar la frase de nuestro héroe José Olaya Balandra cuando dijo: “si mil vidas tuviera, gustoso la daría por mi “ídolo”, perdón… por mi patria”.

¿Será culpa de la televisión?, ¿será culpa de los padres?, ¿será culpa de la escuela? o ¿será culpa de los propios muchachos? Cómo ocurre en este país, alguien debe tener la culpa. Entonces, ¿de quién o quiénes es la culpa?

Que la audiencia grite y se jale de los pelos por su ídolo, es aceptable. Que la hinchada llore y diga que ama a su ídolo, también es aceptable. Pero, ídolo… no por cualquier fulano o fulana sin talento, destreza o competencia. A lo que, podría decirse que hay quienes siguen o persiguen a alguien por su belleza física, pero no debería dar para tanto porque… ¡tú, también eres bello o bella!

A la televisión parece no interesarle lo que está creando. A las diferentes autoridades, con respecto a lo que hace la televisión, tampoco. Y, a los padres, se les ha recortado su autoridad para “educar” a su hijo o hija, de tal manera, que si se atrevieran a ponerles un “estate quieto” podrían parar ante una Corte de Justicia. Entonces, ¿cómo será la inmediata sociedad en las que aún nos tocará vivir?

Para la televisión ya no hay público, hinchada o fanáticos; ahora, son “lovers”. Otra de las palabritas de moda que se impone en el recortado vocabulario de la adolescencia y juventud. No todos, pero si muchos son “lovers”, y hay de aquel que “se meta” con cualquiera a los que siguen estos muchachos porque te linchan verbalmente. El Estado ha consentido a tanto defensor o promotor de los derechos humanos que, irónicamente, lo único que han hecho es recortar la autoridad de padres y profesores en la tarea de educar. A tanta defensa sobre los derechos humanos, se ha hecho creer que no hay padres ni profesores buenos… todos son unos maltratadores. ¡Por Dios, hagamos algo Señor!      



               

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