Quien vive del espectáculo
requiere de audiencia. La audiencia es el público, la hinchada o como pueda
llamárseles a quienes “siguen y persiguen” la vida de actores, músicos, cantantes,
cómicos, políticos, escritores, etc. Hasta ahí, no habría crítica que le caiga
encima. Pero, haciendo la salvedad del caso, viene ocurriendo que la televisión
nacional está convirtiendo a cualquier mamarracho en “ídolo” a cuesta de
cualquier “escandalete” que él o ella misma provoca o que la televisión los
incita a hacerlo. Y, en el colmo, y encima de toda esa morbosidad, a los que les
aparecen una colada de adolescentes y jóvenes capaces de inmortalizar la frase
de nuestro héroe José Olaya Balandra cuando dijo: “si mil vidas tuviera,
gustoso la daría por mi “ídolo”, perdón… por mi patria”.
¿Será
culpa de la televisión?, ¿será culpa de los padres?, ¿será culpa de la escuela?
o ¿será culpa de los propios muchachos? Cómo ocurre en este país, alguien debe
tener la culpa. Entonces, ¿de quién o quiénes es la culpa?
Que
la audiencia grite y se jale de los pelos por su ídolo, es aceptable. Que la
hinchada llore y diga que ama a su ídolo, también es aceptable. Pero, ídolo… no
por cualquier fulano o fulana sin talento, destreza o competencia. A lo que, podría
decirse que hay quienes siguen o persiguen a alguien por su belleza física,
pero no debería dar para tanto porque… ¡tú, también eres bello o bella!
A
la televisión parece no interesarle lo que está creando. A las diferentes autoridades,
con respecto a lo que hace la televisión, tampoco. Y, a los padres, se les ha recortado
su autoridad para “educar” a su hijo o hija, de tal manera, que si se atrevieran
a ponerles un “estate quieto” podrían parar ante una Corte de Justicia.
Entonces, ¿cómo será la inmediata sociedad en las que aún nos tocará vivir?
Para
la televisión ya no hay público, hinchada o fanáticos; ahora, son “lovers”. Otra
de las palabritas de moda que se impone en el recortado vocabulario de la
adolescencia y juventud. No todos, pero si muchos son “lovers”, y hay de aquel
que “se meta” con cualquiera a los que siguen estos muchachos porque te linchan
verbalmente. El Estado ha consentido a tanto defensor o promotor de los derechos
humanos que, irónicamente, lo único que han hecho es recortar la autoridad de padres
y profesores en la tarea de educar. A tanta defensa sobre los derechos humanos,
se ha hecho creer que no hay padres ni profesores buenos… todos son unos maltratadores.
¡Por Dios, hagamos algo Señor!

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