La evidencia de los aprendizajes está obligada a exhibirse en una fecha celebratoria denominada "día del logro".
A simple vista, un acto celebratorio con invitación a la comunidad educativa para espectar lo que se enseña y aprende en la escuela. Y, en el cual, el estudiante debe hacer gala de todo cuanto ha desarrollado y logrado en las diversas áreas curriculares y ciclos y/o grados y niveles de estudio.
Sin embargo, anterior a este "día del logro" no había obligatoriedad ni necesidad del mismo. Tal vez sea porque dicha evidencia estaba en los resultados inscritos en "la libreta de notas" o, evidentemente, en los propios cambios progresivos de la conducta y el comportamiento del estudiante como reflejo de sus aprendizajes. Pero, y valga la redundancia, "evidentemente" no visto así por el modelo pedagógico que hoy busca recalcar "evidencia" para validar su vigencia.
Han transcurrido más de dos décadas desde la imposición de ese modelo pedagógico bastante ajado y hasta deslucido, no solo por haber sufrido más reveses que avances, sino por propia ironía de su falta de evidencias de logros desde su aparición. Caso contrario, otra fuera la realidad educativa de las escuelas públicas; es decir, prósperas y trascendentes.
Todo empezó mal con la imposición y la inconsulta al profesorado. Seguido, del despropósito de declarar obsoleto y caduco al modelo anterior (llámesele tradicional). Para luego, someter y ceñir el desempeño docente solo a lo que dispongan "las nuevas reglas" del nuevo modelo entrado en vigencia. Finalmente, sin advertirse la desorientación pedagógica que se fue acarreando, no solo por lo súbito y sorpresivo de obligar a detonar dinamita para demoler una edificación (hablando en metáfora sobre el modelo tradicional) con el propósito de eliminar dicha edificación hasta retrotraerla a un estado de "terreno plano" para asentar otra nueva construcción (el impositivo nuevo modelo), sino porque al profesorado se le obligó a participar de la demolición, pero sin antes participar de la construcción de la nueva propuesta, pese a ser los especialistas.
Hoy en día, la evidencia del "día del logro" es que revela una dramática realidad que bien podría sintetizarse en el hecho de que la escuela no educa, sino aparenta educar. Y, esto ocurre porque el modelo pedagógico vigente se ha distorsionado en una componenda de inexactitudes, malas creencias y hasta contradicciones pedagógicas en la práctica escolar. Ahí, está el hecho de premiar toda participación sin destacar el mayor esfuerzo y dedicación o la excelencia, creyendo con ello no afectar la autoestima individual o valorar la inclusión. También, están las celebraciones, festejos, ferias y demás, motivadas incluso hasta por cualquier ocurrencia de momento o por moda impuesta, y obligada ya sea por la autoridad educativa de gestión local o la escuela misma. Lo que viene saturando la calendarización escolar, pretextando sentido pedagógico a todo y generando afectación al bolsillo de los padres de familia. De la misma manera, y siendo un claro ejemplo el propio "día del logro", predominando el aprendizaje memorístico, pese a su rechazo proclamado, y visto lo significativo - al parecer - solo bien redactado en el papel de una programación.
De a poco, pero repetitivamente, la escuela pública se está debiendo más a la tarea y ejercicio de quehaceres circunstanciales, suplementarios y episódicos, y no a su exclusividad, particularidad y tradición por la enseñanza de los aprendizajes básicos; esos mismos que se constituyen como lo elemental y primordial del "saber, "hacer" y "ser" de todo y/o cualquier niño o adolescente transitando por el sistema escolar peruano. Pero, parece que la imposición y la obligatoriedad han hecho que la escuela pública haya preferido sumirse a hacer solo lo que se le ordena y le atemorice no cumplir con lo ordenado. Aunque, en muchos de los casos, hay quienes prefieren "evitar la fatiga", respaldados en el hecho de su condición de "personal nombrado" en el sector. Lo que conlleva a estimar que, muy aparte del modelo pedagógico, son los propios docentes quienes promocionan esa desorientación pedagógica, limitando y desgastando su tarea exclusiva, particular y tradicional a un estilo recurrente de "correr", "obviar", "saltar" y hasta encargar a terceros (padres de familia), no solo la enseñanza de aprendizajes justamente elementales y primordiales, sino devaluando su especialización docente.
La escuela pública requiere mostrar sus logros, pero solo habrán verdaderos logros cuando denote haber reorientado y retomado su tarea a la exclusividad, particularidad y tradición de los aprendizajes básicos. No es volver atrás. Es rescatar en parte todo la tarea bien hecha en el pasado para actualizarla y hacerla convivir con las propuestas del presente, y así la tarea traiga consigo reales y consistentes logros básicos de aprendizajes. Mientras ello no acontezca, es posible que ni las celebraciones del "día del logro" sirva más como propaganda Y, dígase propaganda, porque de eso se trata, ya que en gran parte la imposición del nuevo modelo pedagógico fue propiciado por quienes sostienen y ven a la escuela como "empresa". Y, desde esa óptica, lo que hace una empresa es comercializar su producto o servicio, siendo la propaganda y/o publicidad su mejor estrategia para atraer y satisfacer a la mayor clientela y/o consumidor posible. Sin embargo, y vista la realidad de lo que acontece con los resultados desfavorables de la educación básica escolar pública, habría también que advertir que cuando la calidad del producto o servicio es malo, su publicidad o propaganda es engañosa o falsa. Entonces, y lejos de entrar en un debate de posiciones y/o visión empresarial y no empresarial, de lo que aquí se trataría es de revalorar la tarea sobre los aprendizajes básicos, y para ello se requiere recuperar la autonomía de la escuela para replantear la propuesta sobre qué, cuánto y cómo "saber", "hacer" y "ser". De modo tal, que se deje de aparentar logros donde verdaderamente hay ausencias, debilidades y fracasos.





