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Años atrás conocí a
un hombre sencillo y humilde si lo quisiera comparar con el hombre de antes y
el tipo de ahora. Y, es toda una decepción que el tipo de ahora crea ser “la
divina pomada”, “la última chupada del mango”, “la última gaseosa del
desierto”, o como criollamente podría seguir llamándolo a quien, con desparpajo,
se atrevió a herir mi vocación de maestro al decirme textualmente que dejó “eso
de la educación” porque “eso no daba plata”. Peor aún, fue el antes de la
conversación porque, cual autodenominado “tipo importante”, decía no
recordarme, incluso se atrevió a solicitar mis datos personales y el espacio o
tiempo en el que nos conocimos.
- Vaya… ¡qué tipo! –
dije a mí mismo.
Ese
tipo de hoy no era más el hombre de ayer. A mi pregunta para saber de él, se
desató en una avalancha de pura vanidad. En su conversación despotricaba soberbia, y ésta lo hacía olvidar
que yo lo conozco; lo digo en el sentido de todas aquellas razones por la que podría
estar autorizado a refrescarle la memoria, preguntarle: “¿quién te crees compadre?”
o, por último, mandarlo al carajo.
A
ese tipo lo hallé por el Facebook, y no porque lo haya estado buscando, sino
por la jactancia publicada, para que lo vea “todo el mundo”, de su vuelta a la
ciudad como si la ciudad entera estuviera esperando su regreso.
La
conversación fue breve porque decidí cortarla. No aguanté tanta petulancia desbordada
en un sinfín de cosas de lo que era. Pero, estaba claro que no era un profesional con grado académico. Lo que entendí
fue que se trataba de un “hablador”, de esos que andan de moda haciendo creer que
son dueños de la verdad y poseedores de una suficiente autoridad para “calificar”
a las personas. En su caso, un hablador con capacidad para que haga creer a ingenuas
y candorosas vendedoras que ellas son “lo máximo”, y luego de haberles elevado
el ego hasta el ensimismamiento, sean convencidas que por nada del mundo deberán dejar de vender, sino vender más y más...;
claro, sin decirles que el lucrativo beneficio no es para ellas.
El
tipo no fue ni es pedagogo. Ocasionalmente le dieron un puesto docente, y creo
que fue ahí donde distorsionó lo que es docencia como su posibilidad
“artística” para “convencer” a otros de algo, así ese algo no sea real o
cierto. Si no es por el Facebook, no hubiera sabido de ese tipo. Él es el único
que se cree “tipo importante”. Por otro medio nunca supe del mismo.
Bueno,
que siga en lo suyo. “Eso le da plata”, pero NO CLASE.

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