¿Alguien, en sano
juicio, se atreve a llamar “expresión artística”, “capacidad comunicativa” o “libertad
de expresión” a ese aparecido pintarrajeo de fachadas de viviendas y negocios? –
Definitivamente, ¡No! Y, de haber quien pueda excusar tal barbarie, sin duda
habría que ponerlo a lijar y pintar.
Una
vez más, y sin cansarme en decirlo, entiéndase que quienes representan alguna autoridad
en este país se obligan a limitar esa desbordada proclamación de derechos devenidos
en su malinterpretación, a tal punto, que, dígase “cualquiera”, se siente en capacidad
para decir y hacer, no sólo lo que le venga en gana, sino para atentar en contra de los derechos de los demás sin reparar en lo distorsionada que pueda ser su idea
o concepto de convivir en sociedad. Y, llevado al plano educativo, no voy a
cansarme en decir que la niñez y la adolescencia por ser el futuro más inmediato
de la sociedad, están cada vez más afectados por quienes debiendo mostrarse cual
modelo de vida están más bien necesitando de una reeducación, tal vez, no sobre materias
o áreas curriculares, pero sí obligatoriamente en valores, hábitos y costumbres,
cultura, conciencia ciudadana y todo lo que pueda ayudar a frenar la
desevolución del hombre; es decir, de regreso a la barbarie. Continuando en el plano
educativo, y sin necesidad de estadísticas sino a sola prueba de lo que se ve y
ocurre a diario en este país, considérese el caso de que los actos dolosos o la
barbarie de un menor provienen, en su mayoría, de la indiferencia y posible consentimiento
de quienes se les ha adscrito la condición de padres; entonces, ¿hay o no
urgente tarea por reeducar y limitar el desborde proclamado de derechos?
Cuándo
se terminará con la inequívoca imposición de “diseños” que a ciertos “genios” del
sector educación, sin oír ni recoger opinión de quienes pueden saber y aportar más
al respecto, se les ocurre copiar, sino remedar, modelos pedagógicos de realidades
tan, pero tan distantes y distintas a la de cualquier escuela, alumnado y
profesorado del sector público, que no hace más que seguir dándome razones para
llamar al inicio de cada nuevo año escolar como el período de la “desorientación
pedagógica”. Ahora, se imponen “rutas”, “mapas” y, con cuidado, porque no se
juega con fuego al quererse imponer el uso de las “tics” cuando lo real es que, en su gran mayoría, el profesorado no ha nacido con la tecnología a la disposición en la hoy se encuentra.
Volviendo
al principio, para qué tanta propaganda de cámaras en las calles, para qué
tanto sereno o para qué tanta promesa de quienes se postularon a un cargo
público proclamando “ser el cambio”, si las fachadas siguen amaneciendo
pintarrajeadas. No sé si cualquier día de estos tendría que amanecer pintarrajeadas las paredes de las
municipalidades o del propio Ministerio de Educación para prestar atención a lo que ocurre en la realidad porque en referencia a este último citado sector habría
que decir al Ministro y a su equipo que no se vayan tan alto cuando publicitan “Rumbo
a la nota más alta”, ya que acá abajo ni los han visto ni oído.
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo

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