jueves, 14 de agosto de 2025

VALORES RELEGADOS por Edgar Andrés Cuya Morales

 

La imagen adscrita al contenido de la presente es una ocasional escena – capturada con la cámara de mi celular – que no debe pasar inadvertida porque describe un claro ejemplo del sitial relegado de los valores hoy en día.

Quizá, algunos digan que la cosa no es para tanto. A otros, quizá, no les parezca ajustarse a su realidad. Y, tal vez, haya demás posibles objeciones a la realidad expuesta. Pero, por más que se pretenda negar la realidad, no cabe duda andar desbordadas las excesivas y lamentables demostraciones que nos describe como una sociedad conviviendo bajo el régimen de “la ley de la Selva”. Al respecto, hago notar que al año 2025, si bien podemos hallarnos sorprendidos y maravillados con tanto avance y adelanto tecnológico, también no podemos ignorar que estamos siendo sujetos, y hasta cómplices, de una reversión o retroceso evolutivo sobre la conducta y comportamiento humano que no correspondería a este tiempo de evolución. Siendo una sociedad bajo el imperio del mal ejemplo, no solo deteriorando las buenas costumbres y hábitos, sino exhibiéndose con mayor y harta frecuencia, y sin el menor reparo posible, entre el común de las gentes y hasta entre quienes ocasional y desgraciadamente anduvieron y andan de turno como autoridades máximas de este país.

Conforme ha evolucionado el hombre, le han asistido una serie de espontaneidades de naturaleza social, las mismas que cuentan haber regido oficiosamente, y desde el principio, su comportamiento y conducta individual dentro o fuera de los posibles espacios formalizados o no formalizados de socialización. Además, tales espontaneidades habiendo sido connaturalmente aprobadas y cumplidas, no solo con el hecho propio del paso del tiempo en una convivencia armoniosa, sino por la consiguiente satisfacción del progreso y desarrollo durante el transcurso de su historia y evolución.  

A esas espontaneidades de naturaleza social indudablemente le ha sido correspondida una valoración por su funcionalidad inherente, para casi de inmediato otorgarle la denominación de “valor”. Con ella, una exposición de ideas o conceptos que han solventado su descripción, agrupación y clasificación por cuanto se han ido sumando y enlistando como tales.

Los valores se transmiten e inculcan. Tienen su tiempo de aparición y punto de partida en el espacio familiar. Se aprenden traslativamente de generación en generación dentro de las llamadas buenas costumbres y sanos hábitos, constituyendo el común conjunto de aprendizajes distinguidos en cada uno de los ambientes familiares u hogares.

A ese punto de partida le continúa la escuela, la misma que a diferencia del ambiente familiar es distintiva por la formalidad y obligatoriedad de los aprendizajes – entre tantos los valores – de la educación básica escolar. La escolaridad está comprendida en una etapa regular de presencialidad; en consecuencia, con tiempos de larga convivencia del aprendiz con sus pares durante el transcurso en los diferentes niveles y ciclos de la educación escolar.  Siendo una práctica común y cotidiana la exposición y confrontación de valores que serán complementados y consolidados en función y atención con el objetivo de la sana convivencia y el logro de los aprendizajes planteados.

Seguidamente, y alcanzada la mayoría de edad a los 18 años – la misma que legalmente nos hace ciudadanos con decisión y voluntad propia – los valores son puestos a la palestra, bajo el supuesto de su consagración, esta vez para responder y atender las demandas de la convivencia en los nuevos y distintos espacios de socialización, y que en adelante serían propios del transcurso, despliegue y desarrollo de la vida del adulto en sí.         

Sin embargo, hoy vivimos una realidad distinta que no tiene ese color de rosa, sino está hecha una situación dolorosa, y por la misma, debiendo obligarnos a despertar el interés por atender la causa del quiebre o crac, ocurrido no hace mucho y que ha originado el inicio de un desprendimiento y relego de los valores. Sin duda alguna, no en quienes estuvieran enraizados, sino en esa mayoría de gentes en posición endeble, con conceptos desfigurados y tergiversando que “lo malo es bueno”, “lo insano es sano”, “no importa que robe, pero que haga obras” o “la excepción es la norma”.

Lejos de indagar sobre el momento de ese quiebre o crac, intentemos prestarles atención a los siguientes hechos o asuntos: la sobrevaloración del derecho puesto por encima de cualquier deber. La propia autodestrucción de los núcleos familiares. La inmediatez para darle cabida, en los medios televisivos y demás, a conductas y comportamientos aberrantes. El gran festejo colectivo por la mediocridad. El borrón y cuenta nueva hasta por la comisión de actos criminales. El chisme y el escándalo “facturan”. Una carrera pública magisterial abundante de profesores, pero carente de maestros. 5 presidentes de la República en prisión. El imperio de la ignorancia atrevida. Lo fácil y rápido para herir o manchar honras públicamente. La inclusión con exclusión. A más actividades escolares (con gastos y cuotas de pago) mejor la enseñanza. El día del logro escolar. La soga rompiéndose por el lado más débil, pero también usada para asfixiar al mismo. Sobones y felipillos por doquier. La escuela señalando culpas al hogar, y viceversa. Una currícula desdicha en su propia práctica escolar. El perdón convertido en impunidad para el pecador. La mentira como hábito común y corriente a todo nivel. Ciclistas, “scooteristas” y motorizados, circulando con descarada omisión al reglamento de tránsito. Advertir un problema te etiqueta de problemático. Ejercer la autoridad para que otros cumplan su deber te etiqueta de autoritario. Escuelas sin líderes pedagógicos. Obediencia casi ciega a un modelo pedagógico que hasta ahora no logra lo ofrecido en la propaganda. Modernidad administrativa y pedagógica sostenida del destierro de trascendentes y valoradas prácticas tradicionales. Se cumple por cumplir. Ausencia en “las escuelas de padres”. El uso de la memoria para aparentar ante un público haber aprendido. La autonomía de las instituciones educativas proclamadas en el papel, pero avasallada en la práctica por sus propios verdugos de la pedagogía. Etc.

Definitivamente, todo un caudal de insalubres, desproporcionadas, dañinas y preocupantes situaciones que atraviesan por un punto de causa común: FALTA DE EDUCACIÓN. No habiendo hasta el momento autoridad alguna interesada verdaderamente por la educación. Es más, hay quienes justifican tal desinterés con la excusa de que “educar es un plan con resultados a largo plazo”, optando por el maquillaje, la propaganda y las falsas promesas ante la urgencia educativa. Muchos no entienden. Otros, no quieren entender porque “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Si bien educar es un plan con resultados a largo plazo, lo que no entienden es que, si no se empieza hoy, este es un día más extendiendo o alargando ese plazo. Además, y en el preciso momento que “educar” sea una real y firme decisión de Estado, todos los aprendices no estarán en la fase inicial de su educación básica para decir que el plazo es largo, como tampoco los núcleos familiares.

Ojalá, haya quien lo haga, y no sea como pedirle peras al olmo. Se supone que cada 4 o 5 años tenemos la oportunidad de elegir a nuestros máximos representantes en el gobierno. Una oportunidad para no repetir las desgracias y desastres que pudieron haber hecho tantos y diversos malos y corruptos gobernantes. Sin embargo, no cabe duda de que segura, y nuevamente, aparecerán y reaparecerán estos siempre candidatos con el también discurso de siempre, ofreciendo justamente todo lo que les gusta oír a la mayoría de las gentes que no aprenden de lecciones, así los tengan maleducados, sin trabajo y con hambre.

- ¿Y qué le gusta oír a esa mayoría de tales gentes?

Pues, y como lo dice una añeja canción: “que traerán planes de todo tamaño y extensión. Que construirán casas hasta de 80 pisos. Que traerán a expertos en el cultivo del perejil. Que comprarán buques y aviones en pelotón. Que las carreteras correrán solas y las corvinas – sobre las olas – nadarán solas con su limón” (Parlamanía - del siempre recordado don Jorge Pérez, “El carreta”).

Es cierto que cada uno debe empezar por cambiar para juntos hacer el cambio, pero también es cierto que sin conciencia ciudadana y mal educados difícilmente una gran mayoría dará cuenta propia de sus carencias y defectos. Entonces, y nuevamente, la esperanza está cifrada en la elección de las próximas autoridades, debiéndonos detener, antes de actuar o “abrir por abrir la boca”, para pensar o buscar y escuchar a quien sabe, y así no volver a elegir, desde mamarrachos, faranduleros, barrenderos o mototaxistas hasta posibles profesionales, pero todos escasos de capacidad, criterio, honorabilidad y don de gente. Es urgente saber dónde andan aquellos buenos peruanos que viven modelando con el buen ejemplo y ejerciendo firmeza sobre las decisiones de cambio que parece nadie quiere advertir en este país.

Por solo dos valores podemos empezar a unirnos en recuperar: “Respeto” y “Responsabilidad”. Los demás, vienen o surgen por defecto.