domingo, 16 de julio de 2023

“LA ESCUELA NO PARECE SER MÁS EL SEGUNDO HOGAR”

 

No sé cuándo, ni quién puso en boga aquello de que la escuela era el Segundo Hogar. Pero, si sé que parecía funcionar como tal, en el sentido aquel de encontrar, fuera de casa, a otras figuras adultas con carácter paternal y amical, repitiendo los mismos y tantos consejos y advertencias que solemos oír los hijos de los padres acerca de la importancia del estudio y el saber comportarnos como muchachos de bien. 

En la escuela te ponen a un tutor o tutora al frente del aula y/o sección – otras hasta un “cotutor” – a quienes los suponemos distintos al común profesor de curso, asignatura o área curricular. Y, al parecer, designados sin otra mayor preocupación que cumplir con la norma. Pero, hay algo que la escuela sigue pasando por alto o dando por hecho, y es que – en primer lugar – no debería dejar suponer, sino hacer saber, tanto a los estudiantes como los padres de familia: quién es la persona con el encargo de tutor o tutora, qué es serlo y que autoridad le es otorgada. En segundo lugar, y vista la realidad que se tiene enfrente, la escuela debería mostrarse con mayor preocupación siempre que, directa e indirectamente, estuviera dando por hecho que el profesor, con la sola condición de padre o madre, se lo suponga un buen tutor o tutora. Al respecto, consideremos el hecho de que los padres de familia aprenden a ser padres en la marcha; entonces, y en lo que pueda estar comprendida la comparación, dicha condición no garantizaría la calidad del tutor o tutora. Lo que deben hacer las escuelas es innovar su gestión con la propuesta de un plan de autoformación de profesores en calidad de tutores. De ese modo, hasta sus “escuelas de padres” serían interesantes y de gran acogida.

Los tiempos son otros, pero los educadores no debemos permitir que los resultados de la educación sean contrarios al buen nivel de enseñanza y aprendizaje, a las buenos hábitos y costumbres y al don de gente.

Hoy, se sabe de la fragilidad y las posibles amenazas en la que se ve expuesto el profesor ante el uso de su autoridad sobre los estudiantes, pero la escuela – ni, aun así – debe dejar de ser el Segundo Hogar.      

El simple hecho de poner tutores en las aulas no creo le haya bastado a la escuela para alcanzar el reconocimiento de Segundo Hogar, y sí creo que la escuela fue reconocida como tal porque, además de ser el recinto del saber, el profesor podía ser apreciado por sus alumnos tan igual como un padre o madre por sus hijos. Lo que da a entender que la labor docente se extendía a mayores preocupaciones que el dictado de clases. Definitivamente, sin extremos y de mutua reciprocidad, y eso se supone lo sabe hacer la escuela porque todo quehacer educativo es intencional y se debe previamente a planes. 

Desde que el hombre se educa se lo entiende más humano, mejor persona y buen ciudadano. Lamentablemente no es la generalidad, sino la excepción, y eso está pasando porque la escuela no parece ser más el Segundo Hogar.

En el presente año, se les ha propuesto a las escuelas orientar su gestión en base a su autonomía e innovación; por tanto, no solamente el balón ha sido puesto en su cancha, sino se espera que no se patee por patear.     

      

             

        

             

        

domingo, 12 de febrero de 2023

El mal genio y la mala suerte: ¿una cuestión del pie izquierdo?

Con cuál pie te levantes cada mañana no es una cuestión de designios del cual dependan la suerte o humor del día. Así que, cualquiera sea el pie con el que te levantes, si has despertado de malas ganas y con un geniecillo que ni tú mismo te soportas, éso simplemente es debido a que, tanto tu conducta como comportamiento, están bajo dominio de esas desagradables emociones, volviéndote irritable, ofuscado, malhumorado, despectivo, malagracia y cuanto demás. Igualmente, ocurre en el caso de esa posible mala suerte de la que pudieras estar refunfuñando cierto día, y ésto porque cualquiera en un estado de ofuscación creerá incluso ser un desdichado o sujeto de algún conjuro diabólico.
Es cierto que el sentido nervioso está en todas partes del cuerpo, y si se trata de los pies, ocurrirá que cualquiera de los estímulos sobre los mismos - dígase a través del tacto - producirán una reacción, anterior y velozmente procesada en el cerebro, que no necesariamente será el mal humor o mala suerte, rigiendo la conducta y comportamiento de la persona por 24 horas, a causa del pie izquierdo.
Es claro también que "levantarse con el pie izquierdo" es un dicho popular, y que data de épocas anteriores en las que las creencias podrían sobreponerse a las explicaciones científicas del conocimiento del cerebro. Es por eso que, a estas alturas del caso, quien con tal dicho popular quiera excusar su malhumor, y ese mismo alterando el estado emocional de otros, ya no le será suficiente, ni la salida fácil para que los demás deban soportar su mal carácter. Esta vez, deberá admitir que él o ella se haya auto-sometido a sus propias y desagradables emociones. Acto seguido, intentar autocontrolarse hasta que despeje la ofuscación, recupere la serenidad y vislumbre el raciocinio.
Somos seres emocionalmente racionales. Lo que quiere decir que, sí o sí, la intervención de las emociones está comprendida dentro de nuestros procesos cerebrales. Sin embargo, la evolución ha conllevado al desarrollo de un cerebro donde predomina el pensamiento racional que - en un ejemplo - impediría no dejarte invadir por la cólera y ejecutar un acto de barbarie contra algún semejante o - en otro ejemplo - sonreír y saludar a las personas porque merecen tu respeto.
Hoy se habla de la inteligencia emocional, y no hay peor error entre los adultos que creernos autosuficientes, dar por hecho que cualquier tema está sabido porque repetimos las frases o que no va contigo, ni conmigo porque... Qué verguenza, ya soy un adulto!!!
Nadie puede decir que es un ser únicamente racional, ni nadie que lo es únicamente emocional. La evolución del cerebro distingue un cerebro reptiliano, al que se le sobrepone otro emocional y, sobre éste, el racional. Por tanto, la evolución cerebral, a diferencia de los demás seres vivos, nos permite más que solo respirar, comer, movernos o reproducirnos, sino sentir para despertarnos emociones capaces de inspirar lo mejor de los pensamientos e ideas.
Nadie es ajeno a dejarse dominar por cualquiera de las emociones negativas o desagradables. Pero, lo que no debería ocurrir es que tal dominio sume segundos para convertirse en minutos... Hay que detener de inmediato el conteo. Porque, así como hay bombas utilizando cuentas regresivas para hacer explosión, igualmente las emociones negativas o desagradables pueden explosionar aunque su cuenta no sea en orden regresivo.
Ninguna convivencia es sencilla porque nuestra propia naturaleza diversa hace que debamos ser lo suficiente "emocionalmente racionales" para convenir acuerdos de sana, pacífica y progresista convivencia. Sin embargo, que la misma no sea sencilla, porque dicha diversidad sea por los niveles de intensidad del malhumor y ofuscación entre uno y otro, hace que la convivencia sea imposible.
"La calle es dura", se dice mucho por ahí. Pero, además de dura hacerla insoportable porque hay más de aquellos dejándose dominar por sus propias negativas y desagradables emociones, debería obligar a todos, quienes tienen ostentan cierta o mucha autoridad sobre las personas de esta sociedad, no solo a reflexionar, sino a actuar porque lo visto en las calles es tanto la consecuencia de... como la desatención sobre...                                  
Cada quien, por su parte, respire mientras mentalmente cuenta del 1 al 20, y ésto cada vez pudiera empezar a oírse desafinado, fruncir el ceño, sudar y cambiar de rosaceo a verde el color de su rostro, porque son señales que va directo a la ofuscación, siendo la respiración, no solo la que le permita la oxigenación cerebral, sino el tiempo que el cerebro racional exige para aparecer y detener cualquier posible negativo o desagradable desenlace.                                       
Sonría. Sea amable. Trate con respeto. Vuelva a sonreír. Comparta. Vuelva a ser amable. Agradezca. Vuelva a tratar con respeto. Siempre comparta. Vuelva a agradecer. 
"Un mundo mejor" es mucho pedir por ahora, empecemos por "Un hogar mejor"... por ahí se empieza!!! 
  
 
                      
                      
                                                    
       

martes, 24 de enero de 2023

"La ausencia de valores: muchas veces mentada y las mismas veces no atendida"

 

Los valores no se aprenden por imposición de conceptos que luego deben repetirse de memoria. Tampoco con la propaganda de: "educamos en valores", siempre que a la escuela le sirva solamente como un medio para hacer atractiva cualquiera de sus presentaciones ante la comunidad educativa o autoridades del sector.

Los valores no se aprenden como valores en sí, sino como hábitos que se van forjando por la constancia de una práctica - casi natural - de simples actos comprendidos dentro de la cotidianeidad del desenvolvimiento, desarollo y socialización de la persona. Pero - eso sí - intencionalmente dependiente, tanto de la guía u orientación como de un interesado "educador", para que, de modo tal, vayan siendo observables en la conducta y comportamiento de quienes son sujetos del aprendizaje. 

Los primeros educadores son los padres, tutores y/o familiares, conviviendo bajo un mismo techo con niños y adolescentes. Lo que debería conllevarlos a entender el grado de responsabilidad que recae sobre cada quien, porque la conducta y el comportamiento se forma o deforma de acuerdo a como padres, tutores o familiares, decidan asumir su tarea al respecto. 

La tenencia de los hijos es correspondida natural y legalmente a los padres, y no es una victoria para quienes la pudieran haber recibido por un mandato judicial. Cuando el amor hacia los hijos es la mayor motivación de los padres, no se habla de victorias, ni obligaciones, sino simplemente de amor, y por ese amor es que despiertan el interés y el deseo de ver sanos, abrigados, alimentados, protegidos y bien educados a los hijos.

Desde otro lado está la escuela, la que no debe juzgar a aquellos primeros educadores si el caso fuera no estar asumiendo su tarea. Por el contrario, y ya que se supone somos los profesionales de la educación, debería la escuela mejorar e innovar sus mecanismos o estrategias de atracción y participación de los padres de familia en la labor educativa, sin importar siquera que la tarea se invierta, al no ser ellos quienes inicien la formación de la conducta y el comportamiento de sus hijos y sea la escuela la que la complemente en sus aprendices, sino al revés. Aunque, una vez conseguida la conciencia y el sentido sobre la tarea, los padres, no solo sabrán asumir lo suyo, sino evitarán esos malos entendidos de enfrentamientos o discordias contra la escuela, toda vez que se los insta a prestar atención sobre las posibles malas conductas e indebidos comportamientos de sus hijos. 

En casa, ningun mal acto de los hijos debe pasar inadvertido. Cuanto más pequeños se dejarán llevar por la curiosidad, las emociones y ese no saber aún qué es lo correcto, aceptable o bueno, tanto para ellos como para quien tengan alrededor, debiendo no subestimarle la inteligencia a la hora de aleccionarlos. No se crea que, pasada la experiencia, fue logrado el aprendizaje. Tal vez sí en ciertos momentos o circunstancias, pero es importante recordar que el cerebro aprende por hábitos, y los mismos se van forjando por lo consecutivo de los actos. 

En la escuela, ninguna posible mala conducta e indebido comportamiento, debe servir solo para el reproche a los padres. Educar en valores implica desgregar los mismos en actos y situaciones reales y cotidianas para incidir intencionalmente en acciones y reacciones de los aprendices que conlleven a seguir formándolos en buenos hábitos con respecto al bienestar personal y común entre todos los demás.  

La educación básica escolar es intencionada, y por lo mismo es que se debe a una programación. Asimismo, si bien la politica educativa se alinea a una generalidad, la escuela es autónoma en el sentido, no solo de adecuar la generalidad, sino de imponer sus propias políticas o lineamientos de acuerdo a las necedidades, demandas, fortalezas, problemática, cultura social, espacio geográfico, recursos humanos, recursos económicos, idoneidad y cuanto demás debe advertirse siempre que el fin supremo sea educar a toda esa niñez y adolescencia ingresando y transcurriendo por sus aulas.                                 

La casa y la escuela no son enemigas. Son espacios donde los hijos deben ser educados si están dentro de casa, y donde los aprendices siguen siendo educados si están dentro del colegio. Lo que debe ocurrir es una labor educativa conjunta, pero no en paralelo sino en constante intersección, porque haciendo cada quien bien su parte habrán mucho más en común aprendiéndose en ambas, y solo para el caso de la escuela, suplir las ausencias no aprendidas en casa.

          


                          

sábado, 14 de enero de 2023

¿Cuándo importará el rábano?

No haber muestra social del despliegue de destacadas capacidades cognitivas e inteligencia emocional, supuestamente "tratadas" durante los 11 años de la formación básica escolar - sin contar el tiempo de la educación inicial - es el resultado de que, a quienes tienen el poder - así sea de turno - para hacer las cosas distintas y bien hechas, en lo que concierne a la educación pública, les sigue importando un rábano.

¿Cuándo importará el rábano? Según parece, nunca. Porque mientras las gentes de aquí, allá y más allá, sigan siendo fragilmente manipulables y propensas a la ferocidad del daño entre sí, justamente por incapacidad para identificar, replicar, cuestionar o, simplemente, decirle "NO" a cualquier posible manipulador o embustero; entonces, que no nos sorprendan los actos de barbarie cometidos por esa ola creciente de víctimarios discapacitados del buen juicio, las buenas costumbres y el control de las emociones.

Crecí creyendo que la Navidad es un tiempo de reflexión y compartir, y que el término del año un tiempo hacedor de sinceros deseos de prosperidad para el nuevo tiempo por iniciar. Sin embargo, también fui descubriendo que cada vez importa menos reflexionar, nada ni nadie comparte y aquello de un deseo de felicidad y prosperidad es solo un dicho de la boca para afuera. No es que sea extremista ni negativo, sino es la cruda realidad que a muchos no les importa porque, y aquí si en ambos extremos, unos viven sin importarles un rábano lo que les sucededa a los demás, mientras otros sobreviven de las consecuencias de lo que a las autoridades les importa un rábano su felicidad y prosperidad.

Hace dos décadas atrás se nos impuso una reforma educativa escolar sin consultas ni opinión de quienes saben y/o conviven dentro de aquella realidad social cuya comunidad educativa, no sólo es extensa por su población estudiantil, sino distante de otras donde no parece preocupar ni afectar mucho si debe comprar menos pan o quitar la leche del desayuno de sus hijos por el alza del precio de ambos productos, y ésto por así decirlo para hacer notar tal diferencia. Entonces, en lo que concierne a la gran población estudiantil, de la que se supone ya deben haber egresado generaciones de ciudadanos con altas competencias, destacadas capacidades y hasta inteligencia emocional, no ocurre ni pasa porque la obligación, tras la imposición de un modelo educativo mal concebido, no hace sino aparentar que se educa en el mismo.

Un pueblo desatado en la barbarie, si bien las autoridades deben actuar para frenar el hecho, lo que también debería pasar es demostrar que sí les importa el rábano; es decir, fijar atentamente la mirada hacia la falta de oportunidades que demanda un pueblo, no mal educado, sino al que se aparenta educarlo hasta en inteligencia emocional, porque quemar a un hombre vivo -  si no nos hemos dado cuenta, y así haya sido un solo hombre - es la peor de las muestras que debe conllevar a entender que el rábano sí importa, sino quemar a alguien vivo será malentendido por las generaciones próximas que "todo se vale" si lo que quiere o antoja es demandar algo a los demás que, también malentedidamente, lo cree un derecho absoluto y exclusivo.        

                          

                                            

martes, 13 de diciembre de 2022

¡Alerta. Es más que un tema de casa!

 

Las buenas enseñanzas dadas en casa – por decir, hogar - deben corroborarse en la escuela, y así debe ser porque la educación básica formal es intencionada. Pero, cuando tales buenas enseñanzas no encuentran conexión ni compatibilidad con lo que discurre “programado” en la escuela, también es cuando se da rienda suelta al conflicto mental por el que se distorsionan ciertas ideas y pensamientos en los aprendices acerca del “quién soy”, “cómo ser”, “por qué yo” y demás. Y, no cabe duda que la referencia es sobre los adolescentes.

A diferencia de cualquier otra época anterior, en la presente es como si se viviera dentro de un campo minado o una zona de bombardeo. Lógicamente, sin ser una guerra real, porque si lo fuera existiría la amenaza de salir herido o, en el peor de los casos, llegar a morir, por no saber dónde están las minas, ni saber cuándo ni dónde serían los bombardeos. Pero, de lo que aquí se trata, y siguiendo con la metáfora, es que se entienda que en este campo o zona de batalla sí se conoce todo sobre el enemigo; entonces, morir, salir herido o, simplemente, ser vencido, resultaría absurdo.

Hace bastante tiempo, la casa y la escuela, se ven enfrentadas. Desde casa, sucede que se andan trasladando ciertas responsabilidades, sobre cualquier situación problemática con los hijos, hacia la escuela. Mientras, desde la escuela, sucede una vuelta o revés cuando se afirma que todo lo que les pasa a los aprendices es un tema de casa.

En casa, debe entender el padre de familia y/o tutor, que la tenencia de un hijo(a), no solo está en el hecho de cumplir con la obligación legal acerca de la vivienda, salud, vestido y escuela, sino está también en el hecho de esforzarse para servir de buen ejemplo a los hijos. Las buenas costumbres y los buenos hábitos se aprenden en casa. Las normas se aprenden en casa, y éstas en su sentido de conocimiento y experiencia respecto al fin de su atención, así como el resultado o las consecuencias de su omisión.

En la escuela, debe entender el director, el equipo docente y demás, que a ellos se les encarga oficialmente la educación básica de niños y adolescentes porque cuentan con “el título” para hacerlo; lo que quiere decir, y siendo los aprendizajes intencionados, que los educandos bien pueden aprender conocimientos por áreas curriculares como buenas costumbres, buenos hábitos y demás normas y reglamentos, sin desentenderse de estas últimas enseñanzas bajo la excusa de que es un tema de casa.

Por supuesto que hay malos hogares, pero no necesariamente malos hijos, debiendo entenderse que los niños y los adolescentes cursan ese proceso natural, intensivo e intencionado de aprendizajes y sostenimiento de su educación básica, y conforme van creciendo, van siendo el reflejo de lo aprendido o, lamentablemente, lo no aprendido en casa, y del mismo modo, en la escuela. Entonces, si el reflejo son los escasos saberes, la distorsión de ideas y pensamientos, la desmotivación, el auge de la mediocridad, las malas conductas y comportamientos y la desobediencia casi absoluta a los deberes, normas y reglamentos, es porque – hoy más que ayer – no solamente se persiste en el insulso enfrentamiento entre casa y escuela, sino que cada vez parece importar menos no haber sintonía ni compatibilidad de experiencias educativas entre uno y otro espacio donde van dándose los aprendizajes básicos. Haber malos hogares – dígasele malos por el hecho de no saber educar – y malas escuelas – dígasele malas por el hecho de no extender sus alcances educativos, formativos y orientadores hacia los hogares – no han de generar ese futuro anhelado y representado en los aprendices. Por otro lado, y siendo la escuela la que ostenta el título de educadora, téngase en severa cuenta que la solución no está en seguir engrosando los planes y programaciones con terminología, principios, fines y demás, porque la mala educación solo se combate con buena educación.

De tanto, un caso son los adolescentes, quienes, en su desorientación natural, y natural en el sentido de los cuestionamientos que se procuran a sí mismos o entre ellos mismos, por el hecho, también natural, de “haber cambiado”, y de un modo casi  brusco – digamos, dejando de ser para… ahora ser, o no teniendo para… ahora tener – implica que, tanto la casa como la escuela, le preste mayor atención, dándole el acompañamiento, la orientación, las aclaraciones y la suficiente confianza, para que vayan comprendiendo el proceso de vida al que ninguno de los seres humanos es ajeno. Pero, si la escuela anda negada a asumir ese rol, argumentando que lo que les pueda estar pasando a los adolescentes es un tema de casa, estarán dejando a rienda suelta que se multipliquen los casos extremos, donde haya quienes anden creyendo que autoflagelarse o autoeliminarse es la opción por no ser quien es el otro(a) o, y al otro extremo, anden creyendo que cada quien puede hacer y decir lo que le venga en gana porque es tan valioso, y además su derecho absoluto, por el que nadie puede contradecirlo. Al respecto, en las escuelas no es que falten psicólogos – claro, tal vez sí donde no haya ninguno – sino falta liderazgo pedagógico y entera valentía para atreverse a hacer lo que exactamente no le diga qué hacer este sistema educativo, personificado mayormente en quienes satisfacen su autoridad atemorizando a los colegas, sino hacer lo que pudiera estar demandando su atención sobre la realidad educativa. Eso sí, y para no darle justificación al sistema y su personificado, sabiendo comprometer a todo su equipo o comunidad  educativa en las tareas por emprender.                                                                     

                             

           

viernes, 20 de mayo de 2022

Entre el cartón y la realidad

En cierto momento, debe haberse creído que las escuelas eran mejores si a la cabeza estaba un viejo director(a) – por supuesto – lo de “viejo”, y de aquí en adelante, no en un sentido despectivo, sino descriptivo sobre la posible vasta experiencia del profesor(a) cifrada en la edad como los años de servicio. Sin embargo, y a pesar de que haya podido resultar positivo en su momento, también fue negativo porque impedía y cerraba las oportunidades a la innovación e implementación para adecuar propuestas pedagógicas distintas que otros posibles y bien capacitados líderes pedagógicos pudieran haber propuesto en su momento para ir acorde con los nuevos tiempos.

Cualquier pedagogía, sin innovación ni implementación adecuada a los nuevos tiempos, conlleva a una pedagogía rutinaria, conduciendo tanto al docente como al aprendiz, no sólo al aburrimiento y cansancio, sino al ejercicio autómata de lo que cada quien debe hacer; entonces, se pierde el sentido natural y propio del propósito pedagógico. Cosa que ocurrió con el anterior modelo pedagógico denominado tradicionalista que, sin educar mal, cayó en la rutina por falta de innovación.  

En otro, y siguiente momento, los pocos resultados de una educación intrascendente y casi mecanizada, produjeron un interés, dizque de los especialistas educativos, en “los cartones”; es decir, el viejo director(a) podía ser reemplazado por quien tuviera – además del título pedagógico – “la maestría”. Es más, la plana docente con más cartones – entre tantos, “la maestría” – se creía la garantía para asegurar la ansiada educación de calidad en las escuelas públicas. Paralelamente, a la educación tradicional se la descalificaba como inservible u obsoleta para imponer a rajatabla un modelo constructivista sin advertir idiosincrasia, naturaleza, correspondencia, posibilidad, defensa ni respeto por lo que se quería desraizar. Tampoco, e increíblemente, sin advertir que el cartón de la maestría no iba curricularmente acorde con la imposición “constructivista” sino tradicionalista de la educación. Mucho menos interesó el cómo y de dónde solventar dicho cartón frente a las penurias económicas y demás jugándoles en contra al profesorado, porque hasta ahora importa más se ostente antes que saber, hacer y ser; entonces, he ahí uno de los posibles orígenes de lo que recién hoy – con la tesis del Sr. Pedro y la Sra. Lilia – se advierte públicamente lo sucedido entre el cartón y la realidad.

Los resultados educativos en este tiempo no fueron diferentes al anterior sino, y tal vez, peores porque – parafraseando al constructivismo – el conflicto cognitivo del aprendiz fue a parar en mayores, distintos y peores conflictos para quienes se supone debían ser los expertos “facilitadores” del conflicto y la solución (aprendizaje). Entonces, entre tanto tirar y jalar de la misma cuerda, por lógica es que haya desgaste con alta probabilidad de llegar a romperse para luego descolgarse y caer quienes de esa misma cuerda dependieran su sostén, seguridad o estabilidad. Pues, contrario a cambiar de cuerda o facilitar otros implementos para que suceda cosa distinta a la mala y/o intrascendente educación básica escolar, se apostó por una carrera pública magisterial basada en “escalas” y “meritocracia” para que supuestamente estén y sean los que deban estar y ser. Pero, lo que pasa es que se anda de mal en peor porque las cosas no se hacen bien, y bien en su sentido de haber autoridades interesadas en respaldar y poner en manos de verdaderos educadores – hechos maestros, no tanto por el cartón, sino por las dotes de vocación de servicio, elevada capacidad y don de gente – los posibles cambios y correctivos para las consecuentes mejoras ante tanta cosa mal hecha.

Definitivamente, y salvo excepciones, entre el cartón y la realidad pasa que en el primero dice se reconozca como tal a la persona, mientras en lo segundo, la realidad, sucede haber personas desacreditando el valor del primero.

Necesariamente, si el profesorado no es hidalgo en reconocer que cualquiera de los cambios empieza antes por cambiar nosotros mismos en cuanto a lo que nos pueda desmerecer y señalar debilidad, los aprendices estarán expuestos tal vez a saber, pero no hacer ni ser. De ese modo, y así se nos diga que mirar hacia la educación es un tema de resultados a un largo o extenso plazo, si el cambio no se procura hoy, mañana serán dos días más agregados a ese largo plazo.    


                 

                      

domingo, 1 de marzo de 2020

La persistencia juega en contra si persevera la obstinación de lo que no aplica.

Para lo visto en la educación básica escolar, en cuanto a los resultados desfavorables de un sistema autovanagloriado por modelar la búsqueda del logro de competencias y capacidades, no es difícil entender estar jugando en contra la persistencia.
Haber parecido novedosa, buena, correcta o bien intencionada la teoría, y no siéndola en su práctica o aplicación, es obstinación su persistencia.
Al 2020, el Estado no quiere dar el pitazo final ni siquiera uno de medio tiempo sobre el partido - en el que contradictoriamente a la relevancia del sostén de su propia teoría - los jugadores, entrenadores, espectadores e hinchada, concurren cual autómatas al juego. Se juega mal y se obliga al festejo.
Al 2020, tampoco el profesorado deja el juego. Hay quienes se han habituado y le sacan provecho al ofertar los boletos de entrada o comercializar las camisetas y vinchas, sanguches y refrescos, y demás. Si no véanse la cantidad de ofertas sobre planes de "capacitación" o "especialización", cada una con mejor propaganda que la otra, bajo el ofrecemiento de convertir a los participantes en los jugadores con la camiseta número 10 en la espalda.
En fin, tal vez sea ese el objeto del marketeo y también la posible intención del Estado, pero es notorio que distrae la atención del profesorado sobre lo que no hace ni se atreve ni intenta hacer hasta el momento. Cae en el juego. Sigue en el juego. Y, no se trata de abandonarlo ni actuar en contra de la vocación. Que no se confunda porque es justamente por vocación que quien es maestro no abandona la tarea sino hace y cumple con su tarea.
Es lamentable que hasta la fecha no haya propuesta de otro juego. Claramente, no otro en el que se juegue por jugar o, sin mayor argumento, se quiera cambiar el juego a razón única y sostenible de no saberlo jugar.
Se persiste en un sistema que obliga a jugar mal. Lo que está vuelta una obstinación porque pese a saberse malo se continúa y amedrenta al jugador si dejara de jugar mal.
Por otro lado, jugar mal parece haber habituado a otros a cierto nivel de aceptación de su mal juego, quienes lejos de sentir remordimiento o culpa por una tarea mal hecha distorsionan la realidad, adoptando una falsa creencia y postura de vanguardistas de la pedagogía por el simple hecho del eco o repitencia sonora al cacarear  vocablos tales como: "neurociencias", "sinapsis", "cualitativo", "rúbricas", "evidencia del desempeño", "estándar", Etc.
Hasta cuándo un profesorado receptivo, pasivo y dominado al punto de no actuar sino preferir esperar se le diga qué hacer. Y, con ésto no a intención de una rebelión sino de avivar la vocación de servicio cual razón de la profesión.
La educación básica escolar demanda la intervención del profesorado en el plan, diseño y construcción del camino a recorrer. Lo que no quiere decir hacer las cosas a espaldas del Estado sino acompañado del mismo. Sin embargo, lo visto es una participación de dizque líderes ocupando cargos de dirigentes, especialistas, asesores, consejeros, directores o ministros (la saliente ministra fue maestra), donde casi todos - sino todos - los que anduvieron o andan por esos lares, olvidan - cual acto de magia - a qué fueron o para qué llegaron.
Del profesorado se espera su autoría de otra propuesta que le permita, no sólo hacer su tarea, sino hacerla bien. Implica no satanizar a la escuela del método tradicional ni endiosar a otras al extremo de desterrar a una e imponer a otra. Por el contrario, deben las teorías ser confrontadas con la realidad - con nuestras distintas realidades - para dejar de hacer lo que pudiera estar haciéndose mal, fortalecer lo que pudiera estar haciéndose bien y hacer lo otro que pudiera hacerse y no se hace.
No se trata de un concurso de "huellas" que pueda dejar el maestro o alguna otra convocatoria concursal igual o parecida. De lo que se trata es de que no se diga que cualquiera enseña, y por lo mismo cualquiera opine, critique, desluzca la profesión y se ponga al mando de los destinos de la educación básica de nuestros niños y adolescentes, sobre todo de las escuelas públicas.
Al Estado debe exigírsele, y no esperar de brazos cruzados, revalide la autonomía de la escuela y la autoridad del maestro, pero siempre que una y otro propongan su alternativa de modelo pedagógico, bajo el entendimiento de que no hay ni escuela ni maestro que haga cosa distinta a no querer educar.
Debe exigírsele que la supuesta apertura y flexibilidad del diseño curricular, en su dizque adaptación a la realidad, se cumpla. A la fecha, no aplica. No te dejan. Sólo cabe en el discurso y, valga la redundancia, no en la realidad.
- ¡Así se hace! y ¡así debe hacerlo! - Es la consigna.
Ya basta de caerle encima a la escuela pública con aquello del acompañamiento pedagógico, ya que no se entrega la autoridad por entregar. Está mal interpretada como el poder de muchos para someter al profesorado bajo el escaso criterio pedagógico de ciertos acompañantes a los que debería pregúntatarsele: ¿quién manda a quién? o ¿quién acompaña a quién?
Desde el gobierno central, y especialmente desde su ministerio y todo lo que lo componga hasta su descentralización estamentaria y funcional deben, no sólo dejar de mirar a las escuelas y su profesorado como enemigos, sino respetarlos, y dejar que otros no  se lo falten.
Es claro que aunque el sistema diga ahora educar para construir nuestros propios pensamientos, en la realidad ocurre que ni se educa ni se deja pensar.
El profesorado tiene la palabra.