martes, 13 de diciembre de 2022

¡Alerta. Es más que un tema de casa!

 

Las buenas enseñanzas dadas en casa – por decir, hogar - deben corroborarse en la escuela, y así debe ser porque la educación básica formal es intencionada. Pero, cuando tales buenas enseñanzas no encuentran conexión ni compatibilidad con lo que discurre “programado” en la escuela, también es cuando se da rienda suelta al conflicto mental por el que se distorsionan ciertas ideas y pensamientos en los aprendices acerca del “quién soy”, “cómo ser”, “por qué yo” y demás. Y, no cabe duda que la referencia es sobre los adolescentes.

A diferencia de cualquier otra época anterior, en la presente es como si se viviera dentro de un campo minado o una zona de bombardeo. Lógicamente, sin ser una guerra real, porque si lo fuera existiría la amenaza de salir herido o, en el peor de los casos, llegar a morir, por no saber dónde están las minas, ni saber cuándo ni dónde serían los bombardeos. Pero, de lo que aquí se trata, y siguiendo con la metáfora, es que se entienda que en este campo o zona de batalla sí se conoce todo sobre el enemigo; entonces, morir, salir herido o, simplemente, ser vencido, resultaría absurdo.

Hace bastante tiempo, la casa y la escuela, se ven enfrentadas. Desde casa, sucede que se andan trasladando ciertas responsabilidades, sobre cualquier situación problemática con los hijos, hacia la escuela. Mientras, desde la escuela, sucede una vuelta o revés cuando se afirma que todo lo que les pasa a los aprendices es un tema de casa.

En casa, debe entender el padre de familia y/o tutor, que la tenencia de un hijo(a), no solo está en el hecho de cumplir con la obligación legal acerca de la vivienda, salud, vestido y escuela, sino está también en el hecho de esforzarse para servir de buen ejemplo a los hijos. Las buenas costumbres y los buenos hábitos se aprenden en casa. Las normas se aprenden en casa, y éstas en su sentido de conocimiento y experiencia respecto al fin de su atención, así como el resultado o las consecuencias de su omisión.

En la escuela, debe entender el director, el equipo docente y demás, que a ellos se les encarga oficialmente la educación básica de niños y adolescentes porque cuentan con “el título” para hacerlo; lo que quiere decir, y siendo los aprendizajes intencionados, que los educandos bien pueden aprender conocimientos por áreas curriculares como buenas costumbres, buenos hábitos y demás normas y reglamentos, sin desentenderse de estas últimas enseñanzas bajo la excusa de que es un tema de casa.

Por supuesto que hay malos hogares, pero no necesariamente malos hijos, debiendo entenderse que los niños y los adolescentes cursan ese proceso natural, intensivo e intencionado de aprendizajes y sostenimiento de su educación básica, y conforme van creciendo, van siendo el reflejo de lo aprendido o, lamentablemente, lo no aprendido en casa, y del mismo modo, en la escuela. Entonces, si el reflejo son los escasos saberes, la distorsión de ideas y pensamientos, la desmotivación, el auge de la mediocridad, las malas conductas y comportamientos y la desobediencia casi absoluta a los deberes, normas y reglamentos, es porque – hoy más que ayer – no solamente se persiste en el insulso enfrentamiento entre casa y escuela, sino que cada vez parece importar menos no haber sintonía ni compatibilidad de experiencias educativas entre uno y otro espacio donde van dándose los aprendizajes básicos. Haber malos hogares – dígasele malos por el hecho de no saber educar – y malas escuelas – dígasele malas por el hecho de no extender sus alcances educativos, formativos y orientadores hacia los hogares – no han de generar ese futuro anhelado y representado en los aprendices. Por otro lado, y siendo la escuela la que ostenta el título de educadora, téngase en severa cuenta que la solución no está en seguir engrosando los planes y programaciones con terminología, principios, fines y demás, porque la mala educación solo se combate con buena educación.

De tanto, un caso son los adolescentes, quienes, en su desorientación natural, y natural en el sentido de los cuestionamientos que se procuran a sí mismos o entre ellos mismos, por el hecho, también natural, de “haber cambiado”, y de un modo casi  brusco – digamos, dejando de ser para… ahora ser, o no teniendo para… ahora tener – implica que, tanto la casa como la escuela, le preste mayor atención, dándole el acompañamiento, la orientación, las aclaraciones y la suficiente confianza, para que vayan comprendiendo el proceso de vida al que ninguno de los seres humanos es ajeno. Pero, si la escuela anda negada a asumir ese rol, argumentando que lo que les pueda estar pasando a los adolescentes es un tema de casa, estarán dejando a rienda suelta que se multipliquen los casos extremos, donde haya quienes anden creyendo que autoflagelarse o autoeliminarse es la opción por no ser quien es el otro(a) o, y al otro extremo, anden creyendo que cada quien puede hacer y decir lo que le venga en gana porque es tan valioso, y además su derecho absoluto, por el que nadie puede contradecirlo. Al respecto, en las escuelas no es que falten psicólogos – claro, tal vez sí donde no haya ninguno – sino falta liderazgo pedagógico y entera valentía para atreverse a hacer lo que exactamente no le diga qué hacer este sistema educativo, personificado mayormente en quienes satisfacen su autoridad atemorizando a los colegas, sino hacer lo que pudiera estar demandando su atención sobre la realidad educativa. Eso sí, y para no darle justificación al sistema y su personificado, sabiendo comprometer a todo su equipo o comunidad  educativa en las tareas por emprender.                                                                     

                             

           

viernes, 20 de mayo de 2022

Entre el cartón y la realidad

En cierto momento, debe haberse creído que las escuelas eran mejores si a la cabeza estaba un viejo director(a) – por supuesto – lo de “viejo”, y de aquí en adelante, no en un sentido despectivo, sino descriptivo sobre la posible vasta experiencia del profesor(a) cifrada en la edad como los años de servicio. Sin embargo, y a pesar de que haya podido resultar positivo en su momento, también fue negativo porque impedía y cerraba las oportunidades a la innovación e implementación para adecuar propuestas pedagógicas distintas que otros posibles y bien capacitados líderes pedagógicos pudieran haber propuesto en su momento para ir acorde con los nuevos tiempos.

Cualquier pedagogía, sin innovación ni implementación adecuada a los nuevos tiempos, conlleva a una pedagogía rutinaria, conduciendo tanto al docente como al aprendiz, no sólo al aburrimiento y cansancio, sino al ejercicio autómata de lo que cada quien debe hacer; entonces, se pierde el sentido natural y propio del propósito pedagógico. Cosa que ocurrió con el anterior modelo pedagógico denominado tradicionalista que, sin educar mal, cayó en la rutina por falta de innovación.  

En otro, y siguiente momento, los pocos resultados de una educación intrascendente y casi mecanizada, produjeron un interés, dizque de los especialistas educativos, en “los cartones”; es decir, el viejo director(a) podía ser reemplazado por quien tuviera – además del título pedagógico – “la maestría”. Es más, la plana docente con más cartones – entre tantos, “la maestría” – se creía la garantía para asegurar la ansiada educación de calidad en las escuelas públicas. Paralelamente, a la educación tradicional se la descalificaba como inservible u obsoleta para imponer a rajatabla un modelo constructivista sin advertir idiosincrasia, naturaleza, correspondencia, posibilidad, defensa ni respeto por lo que se quería desraizar. Tampoco, e increíblemente, sin advertir que el cartón de la maestría no iba curricularmente acorde con la imposición “constructivista” sino tradicionalista de la educación. Mucho menos interesó el cómo y de dónde solventar dicho cartón frente a las penurias económicas y demás jugándoles en contra al profesorado, porque hasta ahora importa más se ostente antes que saber, hacer y ser; entonces, he ahí uno de los posibles orígenes de lo que recién hoy – con la tesis del Sr. Pedro y la Sra. Lilia – se advierte públicamente lo sucedido entre el cartón y la realidad.

Los resultados educativos en este tiempo no fueron diferentes al anterior sino, y tal vez, peores porque – parafraseando al constructivismo – el conflicto cognitivo del aprendiz fue a parar en mayores, distintos y peores conflictos para quienes se supone debían ser los expertos “facilitadores” del conflicto y la solución (aprendizaje). Entonces, entre tanto tirar y jalar de la misma cuerda, por lógica es que haya desgaste con alta probabilidad de llegar a romperse para luego descolgarse y caer quienes de esa misma cuerda dependieran su sostén, seguridad o estabilidad. Pues, contrario a cambiar de cuerda o facilitar otros implementos para que suceda cosa distinta a la mala y/o intrascendente educación básica escolar, se apostó por una carrera pública magisterial basada en “escalas” y “meritocracia” para que supuestamente estén y sean los que deban estar y ser. Pero, lo que pasa es que se anda de mal en peor porque las cosas no se hacen bien, y bien en su sentido de haber autoridades interesadas en respaldar y poner en manos de verdaderos educadores – hechos maestros, no tanto por el cartón, sino por las dotes de vocación de servicio, elevada capacidad y don de gente – los posibles cambios y correctivos para las consecuentes mejoras ante tanta cosa mal hecha.

Definitivamente, y salvo excepciones, entre el cartón y la realidad pasa que en el primero dice se reconozca como tal a la persona, mientras en lo segundo, la realidad, sucede haber personas desacreditando el valor del primero.

Necesariamente, si el profesorado no es hidalgo en reconocer que cualquiera de los cambios empieza antes por cambiar nosotros mismos en cuanto a lo que nos pueda desmerecer y señalar debilidad, los aprendices estarán expuestos tal vez a saber, pero no hacer ni ser. De ese modo, y así se nos diga que mirar hacia la educación es un tema de resultados a un largo o extenso plazo, si el cambio no se procura hoy, mañana serán dos días más agregados a ese largo plazo.    


                 

                      

domingo, 1 de marzo de 2020

La persistencia juega en contra si persevera la obstinación de lo que no aplica.

Para lo visto en la educación básica escolar, en cuanto a los resultados desfavorables de un sistema autovanagloriado por modelar la búsqueda del logro de competencias y capacidades, no es difícil entender estar jugando en contra la persistencia.
Haber parecido novedosa, buena, correcta o bien intencionada la teoría, y no siéndola en su práctica o aplicación, es obstinación su persistencia.
Al 2020, el Estado no quiere dar el pitazo final ni siquiera uno de medio tiempo sobre el partido - en el que contradictoriamente a la relevancia del sostén de su propia teoría - los jugadores, entrenadores, espectadores e hinchada, concurren cual autómatas al juego. Se juega mal y se obliga al festejo.
Al 2020, tampoco el profesorado deja el juego. Hay quienes se han habituado y le sacan provecho al ofertar los boletos de entrada o comercializar las camisetas y vinchas, sanguches y refrescos, y demás. Si no véanse la cantidad de ofertas sobre planes de "capacitación" o "especialización", cada una con mejor propaganda que la otra, bajo el ofrecemiento de convertir a los participantes en los jugadores con la camiseta número 10 en la espalda.
En fin, tal vez sea ese el objeto del marketeo y también la posible intención del Estado, pero es notorio que distrae la atención del profesorado sobre lo que no hace ni se atreve ni intenta hacer hasta el momento. Cae en el juego. Sigue en el juego. Y, no se trata de abandonarlo ni actuar en contra de la vocación. Que no se confunda porque es justamente por vocación que quien es maestro no abandona la tarea sino hace y cumple con su tarea.
Es lamentable que hasta la fecha no haya propuesta de otro juego. Claramente, no otro en el que se juegue por jugar o, sin mayor argumento, se quiera cambiar el juego a razón única y sostenible de no saberlo jugar.
Se persiste en un sistema que obliga a jugar mal. Lo que está vuelta una obstinación porque pese a saberse malo se continúa y amedrenta al jugador si dejara de jugar mal.
Por otro lado, jugar mal parece haber habituado a otros a cierto nivel de aceptación de su mal juego, quienes lejos de sentir remordimiento o culpa por una tarea mal hecha distorsionan la realidad, adoptando una falsa creencia y postura de vanguardistas de la pedagogía por el simple hecho del eco o repitencia sonora al cacarear  vocablos tales como: "neurociencias", "sinapsis", "cualitativo", "rúbricas", "evidencia del desempeño", "estándar", Etc.
Hasta cuándo un profesorado receptivo, pasivo y dominado al punto de no actuar sino preferir esperar se le diga qué hacer. Y, con ésto no a intención de una rebelión sino de avivar la vocación de servicio cual razón de la profesión.
La educación básica escolar demanda la intervención del profesorado en el plan, diseño y construcción del camino a recorrer. Lo que no quiere decir hacer las cosas a espaldas del Estado sino acompañado del mismo. Sin embargo, lo visto es una participación de dizque líderes ocupando cargos de dirigentes, especialistas, asesores, consejeros, directores o ministros (la saliente ministra fue maestra), donde casi todos - sino todos - los que anduvieron o andan por esos lares, olvidan - cual acto de magia - a qué fueron o para qué llegaron.
Del profesorado se espera su autoría de otra propuesta que le permita, no sólo hacer su tarea, sino hacerla bien. Implica no satanizar a la escuela del método tradicional ni endiosar a otras al extremo de desterrar a una e imponer a otra. Por el contrario, deben las teorías ser confrontadas con la realidad - con nuestras distintas realidades - para dejar de hacer lo que pudiera estar haciéndose mal, fortalecer lo que pudiera estar haciéndose bien y hacer lo otro que pudiera hacerse y no se hace.
No se trata de un concurso de "huellas" que pueda dejar el maestro o alguna otra convocatoria concursal igual o parecida. De lo que se trata es de que no se diga que cualquiera enseña, y por lo mismo cualquiera opine, critique, desluzca la profesión y se ponga al mando de los destinos de la educación básica de nuestros niños y adolescentes, sobre todo de las escuelas públicas.
Al Estado debe exigírsele, y no esperar de brazos cruzados, revalide la autonomía de la escuela y la autoridad del maestro, pero siempre que una y otro propongan su alternativa de modelo pedagógico, bajo el entendimiento de que no hay ni escuela ni maestro que haga cosa distinta a no querer educar.
Debe exigírsele que la supuesta apertura y flexibilidad del diseño curricular, en su dizque adaptación a la realidad, se cumpla. A la fecha, no aplica. No te dejan. Sólo cabe en el discurso y, valga la redundancia, no en la realidad.
- ¡Así se hace! y ¡así debe hacerlo! - Es la consigna.
Ya basta de caerle encima a la escuela pública con aquello del acompañamiento pedagógico, ya que no se entrega la autoridad por entregar. Está mal interpretada como el poder de muchos para someter al profesorado bajo el escaso criterio pedagógico de ciertos acompañantes a los que debería pregúntatarsele: ¿quién manda a quién? o ¿quién acompaña a quién?
Desde el gobierno central, y especialmente desde su ministerio y todo lo que lo componga hasta su descentralización estamentaria y funcional deben, no sólo dejar de mirar a las escuelas y su profesorado como enemigos, sino respetarlos, y dejar que otros no  se lo falten.
Es claro que aunque el sistema diga ahora educar para construir nuestros propios pensamientos, en la realidad ocurre que ni se educa ni se deja pensar.
El profesorado tiene la palabra.





martes, 18 de febrero de 2020

¡Sí, juro!

¿Cuánto vale tu palabra?, y cuánto más si juras por Dios, tu patria o tu madrecita.
- ¡Juro que no lo hago más!
- ¡Prometo cumplir!
- ¡Mañana mismo lo devuelvo!
- ¡Mi compromiso es con todos los peruanos!
- Etc.
Se ha permitido llegar a una realidad donde se hace jurar a los políticos o "padres de la patria" en un acto que pasó de lo protocolar al chiste.
Incluso se ha visto, por libertad de credo y religión, que otros juran no por Dios sino por quien es y la patria, e igualmente es un chiste.
Entonces, se jura en vano. No se cree en el juramento. Lo que no quiere decir eliminarlo del protocolo sino empezarnos a preocupar qué viene después.
¿Todo por la plata?, la plata se gana, y se gana con esfuerzo devenido del trabajo. Pero no hay plata ni trabajo, ni juramento que sostenga lo habrá para todos, porque quienes juran - no cruzan los dedos - "hacen contra".
Si la palabra, incluso jurada ante un altar, la bandera, la constitución o por la madrecita, no tiene ningún valor, es porque el hombre, no sólo ha dejado de valorarse a sí mismo, sino a los suyos y a los demás.
Quien dijera: "de pan no sólo vive el hombre", no se refería a la falta del camote, chicharrón, tamal y café para completar el banquete, sino a que somo más que carne y hueso.
"Si sólo la educación salva a los pueblos"; en boca de un gobernante o "padre de la patria" huele feo por la halitosis crónica que no se cura así chupe harto caramelo de menta, se tome el frasco completo de enjuaje bucal o cepille todo el santo día.


miércoles, 4 de abril de 2018

“Mayor esmero”




Cualquier opinión sobre la labor docente siempre será favorable porque a la misma le es inherente la dedicación, el esmero, la preocupación y todo cuanto la valora y, sobretodo, la diferencia de cualquier otra labor al servicio de los demás. Lo que implica que quienes la ejercen no hacen otra cosa sino actuar con tal dedicación, esmero, preocupación y todo cuanto haga de su labor digna del aprecio y gratitud. Aquí, no cabe mención monetaria, ni escalas, ni condición contractual u otras, porque la labor docente, en sí, no se sujeta a ninguna otra condición que no sea la vocación de servicio.
Sin embargo, existe en paralelo a la opinión favorable una contraparte que – como va la cosa – desmerece, no sólo la labor docente, sino el título de profesor.
- ¿Culpa de qué o quién?
Pues, aunque para algunos cueste aceptar la búsqueda de culpables, corresponde identificarlos porque sí los hay, y aunque parezca increíble buena culpa la tienen quienes la ejercen.
- Mamá, en mi salón de clases se armó tal alboroto entre mis compañeras que terminó dejando infelices a muchas. / - Dibujamos todo el día. La profesora no vino./
- Hay un niño que no me deja en paz. Todo el rato me molesta. No quiero ir al colegio. / - No revisó la tarea. / - El profesor no me hace caso. / - ¡No, la profesora dijo que lo hagan como ella dice! / - Ni revisó mi trabajo. / - Otra vez faltó. / - Sólo hicimos eso. / - La profesora no sabe mi nombre. / - El profesor huele mal. / - El problema es de casa. / - ¡Esos chicos son imposibles! / - Ya hemos hecho de todo. / Etc.
Del otro lado, buena culpa también la tiene el padre, la madre o cualquier otro adulto, viviendo bajo el mismo techo de los aprendices, que no educan o, equívocamente, creen educar en los extremos de la “sobreprotección” o “abandono” del aprendiz en el sentido de que sea quien se eduque a su propia “interpretación” de la vida.
Cada quien es responsable, y obedeciendo a la vocación – de un lado – o al amor por los suyos – del otro lado – debieran obligarse a educar y formar a la niñez y adolescencia en lo que vaya permitiéndoles reconocer y rechazar las maldades que nos agobian, así como aprender a incursionar u obrar por el bienestar personal y colectivo con sus saberes (conocimiento) y saber hacer y saber ser.  Que, “no se salgan con la suya” quienes están queriendo el “divorcio” definitivo de quienes educan tanto en el Primer Hogar como Segundo Hogar porque no hace sino dividir y discriminar a la población en poca gente educada y mucha gente mal educada, así es fácil ganarle el voto a la mayoría para que se siga gobernando para unos y no para todos.         

sábado, 14 de mayo de 2016

Decálogo del hacer y no hacer por un cambio del Modelo Pedagógico de la Educación Básica en el Perú


  1. El profesor es la autoridad en el aula. Alto a su maltrato al haber relegado su presencia dentro del aula. Su labor importa e importa mucho porque educa; y, como tal, se respeta. No al aval de la cultura de “las amenazas” o “el amedrentamiento”, o al mal acto de “denunciarse por denunciar”.     
  2. La escuela requiere volver a su esencia: “enseñar y aprender”. Siendo así, el profesor y el alumno son sus primeros actores. No hay actores antagónicos.
  3. Hasta el momento, esa política educativa de menospreciar al modelo educativo “tradicional”; y, desde ahí, haber desorientado las tareas pedagógicas en las aulas, no aplica a nuestra realidad y ha causado daño y retraso en el desarrollo de quienes educan y se educan.
  4. En la escuela se aprende a competir. No basta saber, hacer y ser. Hay que competir para saber si lo que sabes, haces o eres, te hace mejor. La mediocridad no compite y se justifica festejando cada derrota sobrevalorando el esfuerzo.
  5. La Autoestima no “sube”, ni “baja” callando las faltas en las que incurra el  alumno en su proceso de aprendizaje. Hay que dejar de creer que todo cuanto haga el alumno, bueno y malo, es siempre bueno.
  6. Es uno de sus conceptos sobre Calidad Educativa, se dice que la calidad empieza por casa. Lo que se aprende en casa se pone en práctica en la escuela. Pero, si “la casa” no educa, hay que dejar que la escuela lo haga, y eso se respeta. El profesor no refuerza, educa.
  7. Lo que no aplica, no se insiste en su aplicación porque cansa y aturde. Basta con “el palabreo en el papel” en el que está vuelto el actual modelo o enfoque pedagógico. Ya es hora de que se ponga atención a la opinión do palabra del profesor.
  8. Los mejores sirven de ejemplo. Pero, cómo saber quién es mejor que otro. Hay que competir, y eso no es sometiéndolos a “exámenes escritos”. Hay que ser buenos observadores, y esa es una capacidad que no la tienen los actuales evaluadores. Hay que autocapacitarse, y no esperar lo que otros nos digan que hacer. Los mejores profesores tienen que tener la oportunidad para “Capacitar” con su propia “experiencia” de trabajo.
  9. No por más planes se ha garantizado los aprendizajes esperados. Entonces, menos “planes”, “compromisos”, “programas”, “módulos”, ”proyectos”, “celebraciones”, “días del logro” y demás… porque está visto que todo cuanto se ha dicho hacer, sólo ha servido de “pantallazo” ante las autoridades, quienes no ven más allá de lo que se les pone al frente de los ojos.
  10. No por más “cambios de denominación” o verbalización de “nuevas” palabras o conceptos se ha garantizado que la educación básica vaya a la vanguardia con otras realidades educativas que sí se distinguen por sus logros. Hay que dejar de convertir al profesorado en simples “repetidores” de copias, cambios de nombres o títulos o nombres en inglés sobre lo que no ayuda a educar. No a la memorización de conceptos impartidos a ocurrencia de la interpretación de uno u otro “asesor” de turno con poder para obligar a los demás a repetirlo, copiarlo o imitarlo. 

viernes, 29 de abril de 2016

¡Grrr…, rgrgrgr…!

No sé sabe si gruñir o rugir, pero es lo que está quedando por hacer si eso malo que viene ocurriendo en esta sociedad “te toca”.

Hay que gruñir o rugirle a la gente para que haga su trabajo. Hay que gruñir  o rugir para que otro deje de abusar de alguien. Hay que gruñir o rugir para que se haga justicia. Hay que gruñir o rugir para que te devuelvan lo tuyo. En fin, si no gruñes o ruges es la oportunidad esperada por muchos por ahí para tomarte como uno más con quien pueden hacer…“lo que les venga en gana”.

En el reino de los animales se incluye al hombre. No hay reino aparte para el hombre. Sin embargo, lo que lo diferencia del resto de su reino parece ser que sólo se ciñera a los inventos tecnológicos del cual hace gala de una enorme capacidad que al rato se desdice o degrada por la conducta del animal no humano que está ejerciéndola como medio de vida no cotidiano para quien es, naturalmente, un animal sí, pero “humano”.

Existe un Patrón de Acción Modal que asemeja las conductas naturales de los animales, y el hombre no se haya excluido. Eso, lo sabe, estudia, analiza y ejercita “refinadamente” a consecuencia del aprendizaje y en pro del desarrollo de sus demás y distintas capacidades “humanas”. Pero, ¿por dónde andará aquel “tanto estudio y tanto desarrollo” porque no es el privilegio de muchos, sino sólo de algunos o unos cuantos?

Con mayor intensidad, y si no es que le ocurra a todos, pero si al 99% de quienes si andamos preocupados por ser mejores personas, el salir a las calles es exponerse al encontronazo con cuanto tipo va por ahí comportándose como un animal no humano. Claro está, aquel tipo, no creyéndolo así, puesto que para esos hombres y mujeres, y de todo lo que he podido oírles decir, lo que los marcaría diferente a cualquier otro animal es el lenguaje, la dizque inteligencia, el estar parado en dos patas, el saber manejar una combi, la criollada, lo corpulento que pueda estar, etc. Mientras a otros, el carro del año, el apellido, la “maestría” o el vestido de traje que pudieran estar luciendo. Si eso pasa en las calles, pobre de esa gente buena que tiene que soportarlos en un mismo lugar o centro de trabajo.

- ¿Qué hacer?
Si sucede que el hombre tiene conductas de un animal no humano es porque así se le permite. Hay la tendencia de creer que todo es un derecho: “yo”, “sólo yo” y “nadie más que yo”. Lo lamentable es que sea el propio Estado quien lo promueva creyendo que con eso satisface a la población frente a su incapacidad de no dar la atención primaria sobre sus necesidades básicas que año tras año la afecta, daña y deteriora una calidad de vida que no llega nunca a alcanzar. Por ejemplo, se proclama y se marcha, con bombos y platillos, por “el derecho a la vida”…mientras, hay quienes andan enfermos, desnutridos y mueren por falta de alimentos. Siguiendo con el ejemplo, se proclama “el derecho a la seguridad” y no se hace absolutamente nada por la ausencia de oportunidades para el estudio o trabajo. Miles de jóvenes están siendo conllevados a renegar de su patria y, acto seguido, a delinquir. No es lo correcto, ni un pretexto aceptable, pero si una razón suficiente para quien lo padece.

Hay mucho por decir y, más, por hacer, pero nadie oye, ni quiere hacer si antes, de eso, no “hay un arreglo” u “obtención de lo que vaya o pueda repartirse”. ¿Cuánto hay?, ¿cómo es? Si no hay nada: - ¡no pasa nada cuñao! Y, si de educación se trata: - ¡eso no paga o en eso no se gana cuñao!

Se habla, se ofrece y se dice estar haciéndose mucho por la educación. Eso será siempre una mentira si las puertas de las oportunidades sólo se siguen abriendo a dependencia del lugar donde hayas estudiado.


Mientras “la justicia” sea sólo para condenar sin ver más allá de su sentido amplio de justicia para la humanidad, y mientras se crea que es la repartición de derechos, ésta será injusticia.