viernes, 14 de febrero de 2014

Lo que sirve de ocasión


 

Dicen por ahí que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Yo diría que sí sabe lo que tiene, lo que pasa es que no le sirve para la ocasión. Mientras tanto, ahí queda, se abandona, no se mira y lo que menos importa es si a otro le importa.
Si una relación amorosa se acaba, recién se quiere decir “te amo”. Si una relación familiar se deteriora, también, recién se quiere decir “te amo”, claro que en distinto sentido al anterior. Si una relación amical se daña, recién se quiere decir “no debí, perdóname”. Si un trabajo se pierde, recién se quiere decir “denme otra oportunidad, le juro que esta vez voy a esforzarme”. Si otros perdieron la confianza en uno, recién se quiere decir “prometo que volveré a ganarme su confianza”. Si algo material se pierde o daña, recién se quiere decir “debí dárselo a alguien que pudo haberlo necesitado”.
Una casona barranquina parecía caerse a pedazos por su abandono. Según sé, sus propietarios poco o nada pueden o pudieron hacer por remediar su estado. Tal vez, se crea que por desinterés o falta de dinero, pero NO es así. Existe hoy un Ministerio de Cultura cuyo órgano dependiente o constitutivo es el INC (Instituto Nacional de Cultura) con sumo poder de intervención, no sólo sobre la propiedad pública sino privada. Sí, sobre la propiedad privada si ésta ha sido “maldecida”, perdón, digo “bautizada” como un supuesto inmueble de patrimonio cultural, y cuyos propietarios quedan conminados a “no hacer”, “ni deshacer” sobre la misma. En el colmo de la irracionalidad el verdugo del INC, tampoco, “no hace”, “ni deshace”. Entonces, ¿qué de cultos son aquellos sobre la cultura que se quiere preservar?
La casona, vista como una más de las “casas viejas” del distrito que como un patrimonio cultural, empezó a relucir por sus detalles arquitectónicos que la corrosión, suciedad y abandono la deslucían. Por supuesto, no creí en la sorpresiva iluminación del don de la inteligencia de quienes personifican el INC, pero si creí en la de quienes personifican la autoridad administrativa del distrito. En lo primero, acerté. Sobre lo segundo, erré. No era ni acontecía otra cosa que “lo que sirve de ocasión”. Es decir, perdí mi tiempo en destacar don alguno porque sólo era la ocasión de alguien para el lucro, y la ocasión oportuna de otros para engañar sobre un trabajo y bienestar comunal que en realidad no se hace ni existe.
Hoy, la casona luce, digo se desluce por su ruina y porque ya no sirve de ocasión. ¿Cuál es la cultura que se preserva?
Lo expreso es real. Habría que imaginar o ponerse a pensar qué tantas otras cosas están sirviendo de ocasión, y qué tantas otras no lo sirven, porque ha llegado el momento de detener el deterioro de nuestra calidad humana, social y cultural.
 

                                                                                          

 

                                                                 

No hay comentarios:

Publicar un comentario