
Si una relación amorosa
se acaba, recién se quiere decir “te amo”. Si una relación familiar se
deteriora, también, recién se quiere decir “te amo”, claro que en distinto
sentido al anterior. Si una relación amical se daña, recién se quiere decir “no
debí, perdóname”. Si un trabajo se pierde, recién se quiere decir “denme otra
oportunidad, le juro que esta vez voy a esforzarme”. Si otros perdieron la
confianza en uno, recién se quiere decir “prometo que volveré a ganarme su
confianza”. Si algo material se pierde o daña, recién se quiere decir “debí
dárselo a alguien que pudo haberlo necesitado”.
Una casona barranquina
parecía caerse a pedazos por su abandono. Según sé, sus propietarios poco o
nada pueden o pudieron hacer por remediar su estado. Tal vez, se crea que por
desinterés o falta de dinero, pero NO es así. Existe hoy un Ministerio de
Cultura cuyo órgano dependiente o constitutivo es el INC (Instituto Nacional de
Cultura) con sumo poder de intervención, no sólo sobre la propiedad pública
sino privada. Sí, sobre la propiedad privada si ésta ha sido “maldecida”,
perdón, digo “bautizada” como un supuesto inmueble de patrimonio cultural, y
cuyos propietarios quedan conminados a “no hacer”, “ni deshacer” sobre la misma.
En el colmo de la irracionalidad el verdugo del INC, tampoco, “no hace”, “ni
deshace”. Entonces, ¿qué de cultos son aquellos sobre la cultura que se quiere
preservar?
La casona, vista como una
más de las “casas viejas” del distrito que como un patrimonio cultural, empezó a
relucir por sus detalles arquitectónicos que la corrosión, suciedad y abandono
la deslucían. Por supuesto, no creí en la sorpresiva iluminación del don de la
inteligencia de quienes personifican el INC, pero si creí en la de quienes
personifican la autoridad administrativa del distrito. En lo primero, acerté.
Sobre lo segundo, erré. No era ni acontecía otra cosa que “lo que sirve de
ocasión”. Es decir, perdí mi tiempo en destacar don alguno porque sólo era la
ocasión de alguien para el lucro, y la ocasión oportuna de otros para engañar
sobre un trabajo y bienestar comunal que en realidad no se hace ni existe.
Hoy, la casona luce, digo
se desluce por su ruina y porque ya no sirve de ocasión. ¿Cuál es la cultura
que se preserva?
Lo expreso es real.
Habría que imaginar o ponerse a pensar qué tantas otras cosas están sirviendo
de ocasión, y qué tantas otras no lo sirven, porque ha llegado el momento de
detener el deterioro de nuestra calidad humana, social y cultural.
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