sábado, 3 de enero de 2015

¡Un nuevo año… una nueva oportunidad!




Arrancó un nuevo año, espero sea de nueva oportunidad para todo y para todos. Para todo, haciendo referencia a aquellas cosas buenas o positivas que deberán continuar o, necesariamente, cambiar. Y, para todos, porque hay quienes no la tuvimos y, minutos antes de culminar el año viejo y empezar el año nuevo, les aseguro nos hemos esperanzado en que así sea.

“Dios aprieta, pero no ahorca”, suele decir una sentida frase para hacernos entender que transcurrir la vida no es fácil. Sin embargo, ¿quién no quisiera “tenerla fácil” en el buen sentido interpretativo de la misma?

Quién, siendo adulto, no siente el apretón cuando no tiene un trabajo estable del cual le provenga una remuneración fija. Quién, siendo hijo, no la siente si de quien hablé fue de sus padres. En la imperfección se dice sostener la condición humana, pero no puede ser imperfecto que algunos tengan mucho, pocos no tengan casi nada y una gran mayoría sufra de pobreza extrema. Una clave de solución está en una mayor cantidad de oportunidades de trabajo y, más, en la creación de esas oportunidades para que se atienda tanto estado doloso y crítico de esa imperfección.

Basta de tanto daño “gratuito” entre nosotros. Pediría, si su condición está en el plano de una holgada economía, no siga enfrascado en creer que “otros” no la merecen. Pediría, si su condición es contraria a la anterior, dejar de creer que todo ha de venir “de regalo”. Pediría, si su condición no está en cualquiera de los dos extremos, que siga en su lucha por y para ir alcanzando mejor calidad de vida, pero en lucha o juego limpio. Esto último lo digo con la convicción del caso porque en carne propia fui víctima de una guerra sucia en la que hasta tirado en el suelo intentaron darme de golpes; claro, haciendo alusión metafórica a la lucha.

El fin de un año e inicio de otro, creo colma de expectativas a cualquiera. Magullado por la caída y los golpes ya me he levantado con mayor experiencia de vida, pero no debería alcanzarse la misma a base de abusos, bajezas y daño gratuito generado por otros. En fin, todos esperamos cosas nuevas en este nuevo año que nos permita logros personales, laborales y todo lo que nos conduzca a mejorar en esta vida.

No olvidemos que estamos necesitados de educación. Pero, no de aquella impartida en un salón de clases, sino de aquella que nos humaniza, y que para unos la han dejado relegada u olvidada. Y, para otros, sin haberla aprendido, querido aprenderla o enseñarla.       

¡Feliz y Próspero Año 2015!
         
                                                                                              Edgar Andrés Cuya Morales
                                                                                                         Pedagogo  

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