De
acuerdo a la postura, exigencia y obligatoriedad en la aplicación del enfoque
dado a la pedagogía para el trabajo en aula, no hay profesor que deje de preguntarse:
-¿y, ahora, qué hago?
Para
el profesor, “no saber qué hacer no es
NO SABER, sino es saber y hacer lo que otros
dicen saber”. Así, de complicada está la cosa en esto de una pedagogía que aplica
en el papel, suena bonito en el discurso y, tal vez, se colme de buenas intenciones,
pero no supera los fracasos en el aprendizaje que le fueran aquejados al
anterior enfoque para sostener un
enfoque radicalmente distinto dado su interpretación. Pese a ello, se ha caído en
un empecinamiento que sigue forzando una situación despreocupada en el grado de
confusión, incomprensión y desorientación pedagógica del profesorado de la
escuela básica escolar.
No hay mala educación.
Malo es el enfoque pedagógico cuando no aplica a realidad distinta. Justamente, eso no quiere
entenderse. Lo bueno para uno, puede ser malo para otro. Imitar modelos pedagógicos
construidos en realidades distintas, como lo son países altamente desarrollados
en todos sus ámbitos posibles, no pone al Perú a la vanguardia de los mismos en
experiencia y logros académicos. Un mismo hombre enfrentado a dos realidades, distantes
y bastante distintas de oportunidades, no será el mismo en cada una de ellas en
sus experiencias y logros académicos. Sin ir muy lejos, bastaría la comparación
de la escuela privada con la escuela pública. Sin embargo, si de imitar se
trata, entonces lo que debería imitarse el uso de las bases teóricas del
aprendizaje y demás, para confrontarlas con la realidad del Perú e idiosincrasia
de su gente a fin, y de una vez por todas, se deje de hacer lo malo que se
viene haciendo.
Malo
es el enfoque porque está vuelto un juego de palabras donde la única regla es: “si
no sabes decir la palabra que el otro te ha obligado a repetirla, cuantas veces
quiera oírla, entonces puedes perder hasta la categoría de docente”. Es un
enfoque mal enfocado desde su aparición a mitad del año 1995, y que alienta una
libertad al educando que no se limita. En esa ilimitada libertad el profesorado
perdió su autoridad. Cualquier sujeto, además del alumno, puedo enfrentarlo,
encararlo, jalarlo de los pelos, arrastrarlo por los suelos, amenazarlo con
botarlo del colegio y decirle, a viva voz, lo que la ignorancia y el descontrol
de las emociones puedan ofensivamente herirlo.
Malo
es el enfoque porque ha reprimido al profesor. “Él o ella tiene que andarse con
cuidado”. El enfoque lo ha atado de pies y manos. No levanta la voz, así quiera
fijar una idea verbalmente. Todo lo felicita, así esté mal hecho. Destaca el
esfuerzo, así no lo haya. Da oportunidad, jamás una llamada de atención. No es
más un profesor, sino un facilitador.
“No hay mal que dure
cien años, ni cuerpo que lo resista”

No hay comentarios:
Publicar un comentario