Noviembre, y ya es Navidad
La
semana tiene 7 días. El día sigue teniendo 24 horas, y la hora no ha dejado de
tener 60 minutos. Sin embargo, desde cualquier punto de comparación, al traer
el tiempo pasado al presente, parece que ahora transcurriera velozmente, al
punto que nadie puede negar que los minutos, horas, días, semanas, meses y
años… “pasan volando”. Pero, aún así, y no por ello, es Noviembre, y ya es
Navidad.
Ni
bien el calendario marcó el inicio de Noviembre, empezó esa presión psicosocial
por la que los peruanos de a pie, el pueblo, hemos mal entendido que mientras
más grande sea el pavo, mejor marca sea el panetón y más ostentoso sea el regalo,
mejor es la navidad. Consecuentemente, se ha distorsionado su real significado;
distanciándonos de todo cuanto nos sensibiliza, solidariza o hace buenos y mejores
seres humanos. Entonces, ¿quién o cuál es el propósito de adelantarnos el
“espíritu navideño”, ahora, desde noviembre?
Quisiera
volver a creer que la navidad nos sensibiliza, une o nos hace buenos y mejores
seres humanos, pero ocurre todo lo contario porque cada año se describe un
aumento de personas y familias en condición laboral, económica y social que
sufre del egoísmo y maltrato de otros.
La
navidad, cual debiera despertar sensatos y elogiables pensamientos, deseos y
acciones de humanidad, acentúa la condición de los que menos o, simplemente, no
tienen con qué celebrarla. Sobre el mismo, no me contradigo porque las fiestas
han de celebrarse, y que mejor si se cuenta con recursos porque se sufre tener
que sumirse en la miseria, y se peca cuando se ostenta, más si el ostentoso
hace gala con lo que quita o priva a otros.
No
estoy de acuerdo con quienes esperan “sentados”, “acostados” o de “brazos
cruzados” que las cosas le caigan del cielo, pero la falta de oportunidades y
esa degenerada forma de “sobresalir” de muchos, lo que hace es desemplear y
abusar de más peruanos. Y, en ocasión de las próximas fiestas navideñas, dejándolos, tal vez, con el “espíritu
navideño”, pero sin los recursos para el derecho a celebrarla.
¿Cuándo
empezaremos a cambiar, pero para bien?, ¿cuándo se verá en oportunidades o,
tangiblemente, en el bolsillo de los peruanos de a pie, el pueblo, lo que se
dice sobre el crecimiento económico de este país? Los años pasan volando. Los
que éramos jóvenes, como los años pasan volando, ya no lo somos. Los que eran
adultos, así como pasan los años, ya no lo son. A cualquier edad, todos esperamos
que las cosas cambien para bien, a fin se frene con tanta degeneración del
pensamiento, deseo, acto o conducta humana.
Si
de la navidad se trata, todos tenemos derecho a celebrarla.
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo
www.elsegundohogar.blogspot.com/

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