¡Si no
hay solución… a la huelga!
La
huelga es un derecho laboral. Pero, vista desde las distintas condiciones o
modalidades “legales” de contratación, las cuales son “bien aprovechadas” por
lo empleadores, resulta que tal afirmación no aplica de modo general o simple a
la gran masa de trabajadores. Es más, quienes pueden hacer ejercicio de tal
derecho, corren el riesgo de declarársele “ilegal” así hayan atendido las exigencias
y observaciones que la ley laboral les demanda.
Recientemente,
en la 18° Reunión
Regional Americana de la Organización Internacional del Trabajo – OIT, celebrada en este
país, el gobierno
de turno no hizo más que hacer creer a los observadores y visitantes extranjeros
que por acá, en el tema laboral, “todo anda bien” y “todo es progreso”. En el
colmo, que por acá hay “trabajo para todos” y “todos están absolutamente
protegidos en sus derechos laborales”. Pero, ¿cuánto de permisibilidad o, mejor
dicho, “traición” a nuestra propia lucha tenemos si ocurrió que días antes de
dicha reunión, cual poder mágico, quienes venían en huelga desaparecieron de
las calles, y los medios noticiosos hicieron mutis inmediato?
No
todo, pero bastante se ha logrado cuando las masas han decidido firmemente “ponerse
de pie”, ya sea para terminar con el desastre a causa de otros o, para alcanzar
un beneficioso fin o derecho colectivo. De aquí, podría decirse, nace el derecho
laboral de “parar” para quienes deciden hacerse oír frente a la selectiva o
repentina sordera de algunos empleadores. Sin embargo, es tanta la masa de
trabajadores incluidos en diversas modalidades de contratación que la huelga o
el “parar” no se le está permitido.
A
quienes no se les está permitida la huelga o el “parar”, no le queda mayor
opción que “aguantarse” o “salir por la puerta”. Esta última, permanentemente “abierta”
como suelen recordarles algunos empleadores a sus trabajadores. Entonces, ¿cuál
es la protección de la que se ufana el Estado frente a los derechos del
trabajador?
A
quienes se les está permitida la huelga o “el parar”, no le queda mayor y única
opción que “mantenerse firmes y unidos en su causa”, pero sin violencia y con
disposición permanente a dialogar por un acuerdo entre las partes, donde no haya
vencedores ni vencidos, sino el más justo derecho y, a la vez, obligación en lo
que competa a cada quien; entonces, se acabaría con tanta amenaza de “despido”
o “descuentos”, tanto acuerdo que no se cumple o, sin negar que ocurre, llevar
todo al reclamo con una inmediata huelga. Pero, si el propio Estado es quien
desampara: “¡si no hay solución… a la huelga!”.
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo

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