lunes, 17 de noviembre de 2014

¡Si no hay solución… a la huelga!

La huelga es un derecho laboral. Pero, vista desde las distintas condiciones o modalidades “legales” de contratación, las cuales son “bien aprovechadas” por lo empleadores, resulta que tal afirmación no aplica de modo general o simple a la gran masa de trabajadores. Es más, quienes pueden hacer ejercicio de tal derecho, corren el riesgo de declarársele “ilegal” así hayan atendido las exigencias y observaciones que la ley laboral les demanda.

Recientemente, en la 18° Reunión Regional Americana de la Organización Internacional del Trabajo – OIT, celebrada en este país, el gobierno de turno no hizo más que hacer creer a los observadores y visitantes extranjeros que por acá, en el tema laboral, “todo anda bien” y “todo es progreso”. En el colmo, que por acá hay “trabajo para todos” y “todos están absolutamente protegidos en sus derechos laborales”. Pero, ¿cuánto de permisibilidad o, mejor dicho, “traición” a nuestra propia lucha tenemos si ocurrió que días antes de dicha reunión, cual poder mágico, quienes venían en huelga desaparecieron de las calles, y los medios noticiosos hicieron mutis inmediato?

No todo, pero bastante se ha logrado cuando las masas han decidido firmemente “ponerse de pie”, ya sea para terminar con el desastre a causa de otros o, para alcanzar un beneficioso fin o derecho colectivo. De aquí, podría decirse, nace el derecho laboral de “parar” para quienes deciden hacerse oír frente a la selectiva o repentina sordera de algunos empleadores. Sin embargo, es tanta la masa de trabajadores incluidos en diversas modalidades de contratación que la huelga o el “parar” no se le está permitido.

A quienes no se les está permitida la huelga o el “parar”, no le queda mayor opción que “aguantarse” o “salir por la puerta”. Esta última, permanentemente “abierta” como suelen recordarles algunos empleadores a sus trabajadores. Entonces, ¿cuál es la protección de la que se ufana el Estado frente a los derechos del trabajador?

A quienes se les está permitida la huelga o “el parar”, no le queda mayor y única opción que “mantenerse firmes y unidos en su causa”, pero sin violencia y con disposición permanente a dialogar por un acuerdo entre las partes, donde no haya vencedores ni vencidos, sino el más justo derecho y, a la vez, obligación en lo que competa a cada quien; entonces, se acabaría con tanta amenaza de “despido” o “descuentos”, tanto acuerdo que no se cumple o, sin negar que ocurre, llevar todo al reclamo con una inmediata huelga. Pero, si el propio Estado es quien desampara: “¡si no hay solución… a la huelga!”.


                                                                           Edgar Andrés Cuya Morales
                                                                                     Pedagogo

                                                                       

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