jueves, 14 de mayo de 2015

¿Rumbo a la nota más alta?

Bajo el slogan “¡Rumbo a la nota más alta!”, el Ministerio de Educación hizo circular esta propaganda por los medios televisivos en plena campaña escolar. Sobre la misma, y en atención a la vida real, debieron aclarar a sus alumnos, magisterio, padres de familia y público en general, que hallándonos en situación académica de  “reprobados” en educación escolar básica, se debía buscar “la nota más alta” hasta llegar a la “aprobación”; ya que de lo contrario, sería un posible engaño o ilusión cualquier otra posible intención de hacernos creer que nuestra realidad es otra o distinta.

Han pasado meses desde el inicio del presente año escolar, y no hubo aclaración alguna. Ahora, frente al incesante reclamo por desatención a escuelas, profesores y alumnos, así como frente a la desorientación pedagógica del magisterio, por cuanto seguir en la aplicación de un malentendido y ajado modelo pedagógico, sólo nos quedaría reclamar al Ministerio de Educación por tal ilusoria campaña.

En un plano negativo, una sesión de clase escolar puede ser mal desarrollada o, simplemente, no haberse desarrollado cuando tuvo que hacerse. En cualquiera de las dos situaciones el alumno no podría ser evaluado sobre la misma. Tampoco, entregársele una “separata” para intentar compensar la falta o el error cometido, y obligársele, de modo sutil y contradictorio a la política educativa, a “memorizar” para su evaluación. Menos, incidir en dicha falta o error; ésta vez, obligando a que él o ella “investigue” o se le sea asignada, cual  “tarea”, para volver a insistir en evaluarlo y otorgarle una “nota” o calificación sobre su nivel de conocimiento o saber de la misma. Crucialmente, ese el panorama para el magisterio. Así, en comparación o símil con las situaciones antes descritas, los profesores resultan ser los alumnos, el Ministerio y sus “especialistas”, el profesor en falta o error, y la sesión mal desarrollada es el modelo pedagógico constructivista cuyo mal inicio, por el error en su interpretación, radicalidad y obligatoriedad aplicativa, aún mantiene en desorientación pedagógica al profesor al seguirse con el manoseo, ajado y reajuste, tanta veces se ha podido, en su concepto sustancial. En lo craso del error, todo parece indicar que se permanece en el mal inicio, pero, esta vez, bajo la denominación de “Rutas de Aprendizaje”. En lo grave del caso, se evalúa al profesor, y se lo “jalan” en aspectos pedagógicos a cuyos “especialistas”, cual “lavado de manos” de Pilatos, no parecen considerar ni interesarles tan lamentable realidad.        


Un Paro Nacional del Magisterio, por 24 horas, se lleva a cabo el 14 de Mayo del 2015. Sobre éste, hay mucho que reclamar al Estado, pero hay mucho, también, que exigirle al profesor. Al Ministerio, y su ministro, hay que pedirle que si algo ofreció, lo cumpla. Que, si no lo ofreció, pero lo tiene, que atienda las necesidades. Que, lo que deba corregirse, lo haga, pero sin abuso ni atropello. Que, lo que deba oír, lo oiga, pero no siempre de quienes están sólo a su alrededor, sino, también, del más sencillo y humilde profesor.  Y, al Magisterio, hay que reclamarle vocación de servicio, a punto tal que sin necesidad de un título o grado académico de “máster”, pueda ser llamado MAESTRO.        

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