Ni hablar de
nacionalismo. Menos, de trascendente, épico o “boom musical”, si, en intención
educativa, me obligo a opinar sobre el “éxito” de una canción que no suena a cosa
distinta que “más de lo mismo”. Y, si a ello, de su letra, lo más que puede entenderse
es un canturreado “yo no fui, fue teté”, deberíamos poner mayor e inmediata atención
a la endeble formación educativa, y de personalidad, de quienes corren desesperados
argumentando “no ser ellos mismos” sino son parte de los clubes de fanáticos o,
ahora, “lovers” de tanto inimitable personaje aparecido en las pantallas de televisión
nacional haciendo su “show”.
Parece
increíble que cada vez seamos más influenciables por aquellos programetes que pagan
con publicidad a cambio del escándalo. Igualmente, que haya tantos adolescentes,
jóvenes, y hasta adultos, perdiendo el tiempo interesados en la vida ajena de
tanto peculiar o majadero personaje que le pongan en frente. Y, si del éxito
musical del “yo no fui, fue teté”, debo seguir opinando, no sé cómo se dejan quitar
el tiempo y, a la vez, el dinero, a través de cuanto medio virtual exista, para
transformar en “éxito musical” lo que en la realidad no es más que una trivial
letra y música.
Mañana,
tarde y noche no hay de estos programas que no dejen de mostrarnos a sus “celebridades”,
y aunque intenten diferenciarse, siempre se valen de las mismas para sostener
su rating. No hay nadie que los detenga. Parece ser que hay un mutuo convenio entre
la autoridad estatal y el empresariado televisivo y radial para mantenernos distraídos
de cuanto “error” u “horror político” ocurra. Y, sí que les está resultando la mutua
conveniencia porque son más los interesados en lo que dicen, desdicen, pecan, sueñan,
comen, venden o visten ciertos personajes faranduleros, y menos los preocupados
en el bienestar personal de sí mismos o su familia.
Se
dice que la canción, cuya parte legible de su letra se oye “Yo no fui, fue teté”,
ha alcanzado tal rating musical como hit del momento que su intérprete amenaza
con un segundo tema. Así como van las cosas, sólo quedaría el pronunciamiento
de la Asociación Peruana de Autores y Compositores – APDAY con la entrega del
reconocimiento respectivo. ¡Por Dios, no creo ocurra ello!

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