Se puede oír a muchos
decir rimbombantes halagos sobre ser maestro, e irónica y generalmente, no
siéndolo casi ninguno. Tal vez, así debe ser si nos la creemos que se trata de un
reconocimiento por parte de quienes alguna vez fueron alumnos. Pero, vista la intención
del Ministerio de Educación al hacernos creer que artistas, periodistas,
cómicos y demás personajes, se han unido,
a voluntad propia, para expresar un agradecimiento a los maestros del Perú, esa
si no se la creo.
Al
maestro con cariño, no con chicote. Al maestro con respeto, no con abuso, y sin
discriminación, olvido o susto.
La
imagen del maestro está venida a menos y, tal vez, sea en parte culpa propia,
pero es inaceptable que se consienta a otros hacerla menos. Se ha permitido a entusiastas
y partidarios, de cuanto derecho humano pueda existir, no reparar en el malentendido
ejercicio de los mismos, a extremo tal, que cualquiera se siente en capacidad
de maltratar al maestro, denunciarlo, amenazarlo y/o llevarlo ante los tribunales.
Está hecha una pandemia la idea perversa de creer que si alguien pudo errar, a todos
hay que juzgar y culpar. Y, es justamente frente a este tipo de hechos donde no
aparecen defensores del maestro. Menos, en imagen y voz hecha pública, del señor
o la señora de la propaganda que hoy anda circulando por los medios sociales, y
ni que decir del Ministerio o su Ministro. Por eso, y por mucho más, no se la
creo.
Se
suele decir que no hay mejor recompensa para el maestro que ser el espectador
de los triunfos de sus alumnos. Se suele decir que la docencia es la más noble
de las profesiones o casi un sacerdocio. Se suele decir tantas otras cosas que siguen
llevando al maestro a la motivación para no desmayar en su tarea educadora.
Pero, todos quienes no son maestros, y si fueron alumnos, deberían poner
atención a lo que siente y quisiera decir aquel maestro de escuela pública que sabe
aguantarse las inclemencias del tiempo, la geografía y de una escasa economía
personal, de su escuela y de sus alumnos, y todo por una vocación de servicio a
los demás.
Que
cabe un mea culpa del maestro, está por entendida. Que hay quienes han
desvirtuado la tarea educadora, es cierto. Que hay quienes son maestros por “ocasión”
y no por “vocación”, es una realidad. Por eso, no redundo en halagos, sino en
afirmar que mucho hay por hacer, rehacer o cambiar, tanto en el indefinido modelo
pedagógico del que se hace una falsa gala, como en la desorientación pedagógica
en la que aún se mantienen muchos profesores que fueron obligados a hacer lo
que no se les supo enseñar. No por ello, dejo de reconocerlos y obligarme a
decirles este 06 de Julio: ¡FELIZ DÍA MAESTRO PERUANO!

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