viernes, 3 de julio de 2015

¡Oiga señor Presidente, me muero de hambre!


Saber que la quinua dejó de estar al alcance de los que menos tienen, a razón de tanta “propaganda política”, da coraje. Saber que el Perú se publicita como el país de las oportunidades, ante el privilegio de su variada y rica producción en alimentos, también da coraje; más, si se sabe que hay compatriotas saciando el hambre con un menú que usted ni yo podríamos imaginar comer.
Si ese grupo de hermanos fueran pocos, cualquier gobierno de turno hubiese atendido tan penosa realidad. Pero, no son pocos, y más son niños y ancianos. Es más, habría que reprochar si alguien dijera que lo fue casi todo el país, y que ahora son unos cuantos. Según la realidad, parece que a ningún gobierno le ha interesado realmente sacarlos de la pobreza. Todo gobierno dice que gobernará por y para los pobres, pero no sé a qué “pobres” se refiere porque siguen habiendo hermanos que sobreviven en este país abandonados por el Estado en esa extrema pobreza.
Si no hay para comer, menos habrá para otras cosas de las que los demás solemos jactarnos. Es imperdonable que la imagen adjunta a este comentario sea la fotografía de una realidad que viven muchos peruanos, pero que no se publicita, no se comenta, no se habla o no interesa, a menos que les sirva a algunos personajes de medio para “conmover” a su público sobre un interés distinto al de sacarlos de tal miseria.
No se trata de que mañana mismo se les haga llegar una camionada de alimentos. No se trata que un programa televisivo elija a una familia y los lleve a un set para mostrar públicamente su pobreza a cambio de regalos. No se trata que usted deje de comer para darles a los más pobres. No se trata de que se bloqueen carreteras o se provoquen disturbios. De lo que se trata es que ya no nos dejemos “engatusar” con tanto personaje que se pueda autoproclamar  “el emancipador de los pobres”, o de tanto personaje chistoso, escandaloso, malcriado, exhibicionista, loco, mediocre, borracho y demás, que se suelen postular a un cargo público, ganándolo con un número alto de votaciones.     
Oiga esto señor Presidente, hay peruanos muriendo de hambre, frío y sed.  De todo cuanto pueda necesitar el país, urge la educación. Hay que dejar de engañar o de refregarle en la cara del pobre su pobreza cada vez que usted se “hace de la vista gorda” y consiente a otros aprovecharse de los pobres cuando les roban lo que es suyo, les venden lo que fue suyo, les roban sus ilusiones y les venden lo que nunca será suyo. ¿Comprende lo que acabo de decirle?                                    


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