jueves, 16 de julio de 2015

¡En ese colegio no le enseñan nada!




Se oye decir a alguien, refiriéndose a su hijo: ¡en ese colegio no le enseñan nada! Sin duda alguna, y siendo realistas, algo o mucho de razón ha de tener.

Ahora, refutar lo dicho, y siendo realistas, no resulta cosa sencilla, sobre todo cuando se tiene esa mala costumbre de generalizar cualquier posible equivocación o error de una persona por todas las demás que no se equivocaron ni erraron. Y, ni siquiera el argumento de “justos por pecadores” sería aplicable porque se cometería injusticia tanto al justo como al pecador; ya que cabe la posibilidad que a éste último lo victimicen los justos. En fin, hay que empezar por autocorregirnos en este aspecto; por ejemplo, a la hora de florecer la impetuosa pretensión de querer “calificar” a alguien, sobre todo a quien puede ser físicamente uno, pero representativamente muchos por la labor ejercida.

Volviendo a lo que se dice del colegio, solicito a los señores Directores y profesores poner atención a lo que en una conversación entre madres de familia se oye decir sobre sus colegios; por entendido su trabajo:
- ¡Lo voy a cambiar porque no le enseñan nada!
- ¡En el que estuvo antes no le enseñaban mucho, pero acá está peor que el otro!
- ¡El otro año vamos a hacer un esfuerzo para ponerlo en uno particular!
- ¡A mi hijo si le enseñan bien, “gracias a Dios” le ha tocado un profesor bueno!
- Etc.

Les aseguro que sí lo saben, pero no hay colegio que tome en cuenta lo dicho al no hacerse notar con la explotación de sus fortalezas y el ejercicio de haber empezado a reeducarse en lo que les exige su condición de modelo de vida frente a niños y adolescentes. Caso contrario, se oiría menos eso que suelen decir las madres de familia sobre muchos y tantos colegios.    

En lo que respecta a “no le enseñan nada”, lógicamente es una frase extremista, no cierta e inaplicable si se trata de calificar a la institución educativa y a su profesorado, pero si atendible por cuanto existe personal docente a quienes, “como anillo al dedo”, le pueda quedar alguna de las siguientes reflexiones:
- La vocación de maestro no tiene ni cuenta años de servicio.
- El ejercicio docente no lo elige otro sino usted; entonces, no culpe a otros ni reniegue de usted.
- No repita lo mismo. Enseñe lo mismo.
- No sienta menos ni más que algún otro colega. La docencia nos hace cada vez más sencillos a la par que más aprendemos a enseñar.
- Lea, comprenda y discuta con sus alumnos. No los obligue a pensar como usted.
- Asista a tiempo.
- Luzca siempre elegante, pero no rimbombante ni huachafo.
- Guárdese el mal humor o el chisme para cuando llegue el día sábado.
- No ponga piedras en el camino. Quítelas usted solo(a) o ayude a otros a quitarlas.
- Intente oírse al hablar. Si lo hace o no, corríjase en hablar para ser entendido(a).     
                                                                                                     
                                                                                                                   Continuará…

       

No hay comentarios:

Publicar un comentario