De
tantas, una denuncia estuvo referida a lo ocurrido en una escuela del Callao. El
noticiero, sin reparar en la repercusión, no sólo al titularla “Balacera en una
escuela del Callao”, sino por su “unilateral apoyo” a una de las partes involucradas,
se ciñó a enfocar y dar el uso de la palabra a quienes, como la mayoría, y lejos
de analizar los hechos, ejercen equivocadamente el derecho, y acusan y amenazan
públicamente a quien se le ponga enfrente. Y, sostengo lo del unilateral apoyo
en el hecho de la actitud increpante que tuvo la conductora del noticiero en su
afán de demandar las explicaciones del Director de la escuela sobre el caso. Acto
seguido, se expresó literalmente: “al mediodía dará la cara”.
Según
la noticia, un alumno salió herido de bala en el pie a consecuencia de la
manipulación de un arma de fuego que otro había llevado a la escuela. No niego
que las consecuencias pudieran haber sido fatales. Tampoco, que la situación no
debió ocurrir y que hechos como éstos motivan la inmediata zozobra de los propios
alumnos y padres de familia. Pero, aún con el hecho encima, no habría por qué sentenciar
o condenar al Director; ya que, el mismo debe estar sorprendido y pidiendo las
explicaciones del caso. Y, como es lógico, también debe estar temeroso de
enfrentar a una prensa venida de forma avasalladora e increpante a reclamar
explicaciones.
El
hecho es inaceptable. No debe ni debió ocurrir. Y, claro está, es preciso
adoptar las respectivas medidas de prevención y sanción a quienes se hayan
visto involucrados. Del mismo modo, promover la calma a los miembros de la comunidad educativa. Así, como hacer del
hecho una lección aprendida o por aprender.
Aislado
de las excepciones, debe contemplarse que no hay Director o Docentes permisivos
a hechos delictuosos. La vocación educadora es la principal barrera que repele
todo acto contrario a la tarea educativa. Asimismo, no hay escuela que comúnmente
requise maletines, mochilas o loncheras de su alumnado, porque ello no es
educativo y está entendido que nada distinto a los materiales y alimentos se
contienen en éstas. Sin embargo, anótese el hecho de que sólo el acto de
requisarlas a motivo extremo de la incidencia del porte de los celulares,
prohibidos en la escuela, causa el escándalo y rechazo inmediato de los padres
de familia, quienes osan, no sólo en descalificar a la institución educativa y
a sus miembros, sino que amenazan con denunciar el hecho a la UGEL, quien, muchas
veces, no hace más que desamparar la medida adoptada en la institución.
Edúquese
en civilidad a los alumnos. Reedúquese, en lo mismo, al adulto. Y, por favor, ¡basta
de tanto desamparo a los docentes!
Edgar Andrés Cuya Morales
Pedagogo
elsegundohogar.blogspot.com

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