
Antes, a los malos era fácil reconocerlos. Ahora, todo el mundo sospecha de todo el mundo. Por ejemplo, si estamos en cola, ni te acerques demasiado a quien tienes por delante porque él o ella creen de inmediato que lo asaltarás. No importa si eres el hombre o la mujer más buena u honrada del mundo, nadie se salva y, les aseguro, que tú y yo haríamos lo mismo. Es que nuestras autoridades no educan, creen que en la sanción más severa está la solución.
Hace poco, viajando en una llamada “custer” de servicio público, subió un jovencito con rostro angelical, tremendo asaltante resultó. Sin respeto y compasión alguna mandó al suelo a una anciana con el objeto de quitarle su cartera. El chofer y el cobrador ni caso, ni auxilio a la asaltada. No hay prueba, tampoco ganas de culparlos, pero son tantas las veces que transitan por una misma ruta que bien pueden reconocer a esos chicos malos que van de viaje en viaje en plan de asalto.
¡Agarra bien tus cosas!, ¡no hables por celular cuando estés en el micro!, ¡sólo lleva tu pasaje!, ¡no subas al micro si está lleno!, en fin, qué no saben aconsejarnos para no ser una posible víctima de los amigos de lo ajeno. Vaya que así no podemos vivir, menos ahora si los índices de asaltos se han incrementado. Pero, saben cuál es el colmo… sí, a puesto que tienen hartas respuestas, pero ese colmo es tener que oír a alguien decir que… “el Perú se va para arriba”. Mientras se crea egoístamente que el Perú se va para arriba, habrá mucho más reclamos de la mayoría que no ve ese crecimiento y, probablemente, algunos buenos seguirán transformándose en malos y, malos, en más malos.
La
frase “¡arriba la manos… éste es un asalto!” no va con los asaltantes de ahora.
De modo cómico, podría decir que éstos parecen “haber perdido cierta muestra de
educación antes del atraco”. No existen más frases, de frente te golpean, cogotean,
insultan, arranchan, cortan, matan o todo a la vez. En el colmo de los colmos,
si te asaltan y no tienes nada de valor, no te sueltan ni por “misio”, te dan
duro. No sé si cualquier cosa vale para ellos, o no les importa que su víctima
sea un misio, tal vez porque están en fase de entrenamiento.
En
el centro de Lima, había que estar alertas ante “los pirañitas”. ¿Será que han
crecido, reproducido y descentralizado? ¡Qué Dios nos ampare!
La pura realidad!
ResponderEliminar