sábado, 18 de enero de 2014

¿Y, a mí quién me regala?


 
 No estamos lejos del tiempo de haber escapado de la avalancha publicitaria, sea por medio televisivo o en revistas, de cuanto juguete u otro artículo debe regalarse o quisiéramos nos regalen en navidad. Sin embargo, no se necesita de encuestas para saber que más somos los pobres en este país, y que no hay capacidad en los bolsillos, billeteras o carteras peruanas para atender tanto gasto. Sin duda alguna, la de otros podría andar llena, pero no voy a tratar sobre ellos porque tendría que dejar de escribir.   

Quienes son padres, y puedan decir que vale todo esfuerzo para tal gasto, no se equivocan. Habría que preguntarles a quienes somos la mayoría. Sí, a esa mayoría de esforzados padres que “las vemos cuadra”, y que “el money”, a pesar de ganarse con el sudor de la frente, con las justas alcanza para comer y pagar el colegio, la luz, el agua, el alquiler y demás gastos perennes que no necesitan de fecha festiva. Pero, no creo sea necesario ya que, como yo, la vemos “tranca”, y no por ello desmayamos en el esfuerzo.

Está lejano, o no sé si existirá, el tiempo aquel en donde algún padre del grupo de la mayoría tenga respuesta a lo que hoy, me incluyo, nos preguntamos… ¿y, a mí quién me regala? Tal vez, sirva de aliciente que el mejor regalo es ver feliz a los hijos, y es válida la respuesta. Pero, ¿a quién no le gustaría recibir un regalito por pequeño que sea éste?

No se trata de… si tú me regalas, yo te regalo. Tampoco, si tuviéramos hijos adultos, de pedirles nos regalen, o esperar el regalo del jefe o de otros, sino de pensar en el prójimo. Si todos fuéramos capaces de pensar en el prójimo, más en navidad, no habría sitio para que unos seamos felices y otros, por más esfuerzo hecho, no logren alcanzar esa felicidad. Si el prójimo nos preocupara, más en navidad, de seguro que no habría esa grieta tan ancha y profunda que separa a los hombres llamada egoísmo, y que se agranda al actuar y decir… “yo tengo a base de mi esfuerzo, lo demás no me interesa”.             
Es aceptable decir que un regalo es más significativo en navidad, sin olvidar que la navidad es motivo de gloria y esperanza, no de regalos. Regalar o recibir un regalo no es malo. Regalar porque se nos obliga, eso sí. Regalar por interés, eso sí. Regalar para que nos regalen, eso sí. Regalar lo ajeno, eso sí. Regalar por regalar, eso sí. Regalar no importando si me endeudo por ello, eso sí. Regalar por imitar lo que otros hacen, eso sí. Regalar para que otros me vean lo que regalo, eso sí. Vaya cuanto es malo. Vaya, que sí hemos perdido el sentido de la navidad.

 

                                       Edgar Andrés Cuya Morales    

                                                  

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