No estamos lejos del tiempo de haber escapado de la avalancha
publicitaria, sea por medio televisivo o en revistas, de cuanto juguete u otro
artículo debe regalarse o quisiéramos nos regalen en navidad. Sin embargo, no se
necesita de encuestas para saber que más somos los pobres en este país, y que
no hay capacidad en los bolsillos, billeteras o carteras peruanas para atender tanto
gasto. Sin duda alguna, la de otros podría andar llena, pero no voy a tratar
sobre ellos porque tendría que dejar de escribir.
Quienes
son padres, y puedan decir que vale todo esfuerzo para tal gasto, no se
equivocan. Habría que preguntarles a quienes somos la mayoría. Sí, a esa
mayoría de esforzados padres que “las vemos cuadra”, y que “el money”, a pesar
de ganarse con el sudor de la frente, con las justas alcanza para comer y pagar
el colegio, la luz, el agua, el alquiler y demás gastos perennes que no
necesitan de fecha festiva. Pero, no creo sea necesario ya que, como yo, la
vemos “tranca”, y no por ello desmayamos en el esfuerzo.
Está
lejano, o no sé si existirá, el tiempo aquel en donde algún padre del grupo de
la mayoría tenga respuesta a lo que hoy, me incluyo, nos preguntamos… ¿y, a mí
quién me regala? Tal vez, sirva de aliciente que el mejor regalo es ver feliz a
los hijos, y es válida la respuesta. Pero, ¿a quién no le gustaría recibir un
regalito por pequeño que sea éste?
No
se trata de… si tú me regalas, yo te regalo. Tampoco, si tuviéramos hijos
adultos, de pedirles nos regalen, o esperar el regalo del jefe o de otros, sino
de pensar en el prójimo. Si todos fuéramos capaces de pensar en el prójimo, más
en navidad, no habría sitio para que unos seamos felices y otros, por más
esfuerzo hecho, no logren alcanzar esa felicidad. Si el prójimo nos preocupara,
más en navidad, de seguro que no habría esa grieta tan ancha y profunda que
separa a los hombres llamada egoísmo, y que se agranda al actuar y decir… “yo
tengo a base de mi esfuerzo, lo demás no me interesa”.
Es
aceptable decir que un regalo es más significativo en navidad, sin olvidar que
la navidad es motivo de gloria y esperanza, no de regalos. Regalar o recibir un
regalo no es malo. Regalar porque se nos obliga, eso sí. Regalar por interés,
eso sí. Regalar para que nos regalen, eso sí. Regalar lo ajeno, eso sí. Regalar
por regalar, eso sí. Regalar no importando si me endeudo por ello, eso sí.
Regalar por imitar lo que otros hacen, eso sí. Regalar para que otros me vean
lo que regalo, eso sí. Vaya cuanto es malo. Vaya, que sí hemos perdido el
sentido de la navidad.
Edgar
Andrés Cuya Morales
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