jueves, 16 de enero de 2014

¡Cuéntamelo todo… y exagera!


 

 
¿Quién dijo por ahí que el chisme es cosa sólo de mujeres? Tal vez, pudo haberlo sido, o lo es, no sé… pero lo cierto es que los hombres también somos chismosos.

La diferencia radica en que las mujeres tienen de su femineidad para darle ciertos especiales sonidos y gestos al chisme. El hombre, es chismoso a secas, y no por ello es menos chismoso que las mujeres.

Lo importante acá no es definir qué género es más o menos chismoso, sino qué tanto daña a la convivencia. Si referimos convivencia en el ambiente escolar, el chisme es, o puede ser, bullying. Entonces, si todos sabemos que en la escuela el chisme no se prohíbe ni se castiga, más bien se “celebra”, nada se estaría haciendo en éstas por atender a un posible generador primario del bullying.

Veamos el caso en el que dos alumnos se encuentran, y uno le dice al otro sobre un tercero, que él o ella tiene pegado una servilleta en la suela del zapato. Los tres se conocen. Hay un hecho y no un chisme. Entonces, las preguntas que debemos hacernos los maestros serían: ¿cuándo es un chisme?, ¿cuándo es bullying?, ¿qué hacer para qué no sea un chisme?, ¿qué hacer para qué no sea bullying?, ¿qué y/o cómo regular la convivencia?, etc. 

En un análisis del caso, podría ser que por su naturaleza psicológica, genética o cualquier otra, el primero pudiera haber gestado una sonrisa o, tal vez, una preocupación ajena, o las dos reacciones al mismo tiempo, apenas se percató del hecho. Si se sonrió y hubiera dejado ahí lo sucedido, no estaría mal. Si se sonrío y, a la vez, se preocupó, y hubiera dejado ahí lo sucedido, tampoco estaría mal. Pero, si se lo dijo a un segundo, es porque buscaba un aliado. Lo malo estará en qué clase de aliado es el que buscó, y por o para qué.

Véase como este simple ejemplo nos puede ayudar a los maestros a sentarnos juntos para crear maneras y medios de atender una deficiencia que aqueja en las escuelas y, lamentablemente, que sólo es percibida cuando se dan los penosos resultados.

La educación básica es justa y propiamente denominada así, porque requiere de la labor pedagógica para cimentar las estructuras de quien más adelante será un hombre capaz de seguir conociendo y aprendiendo, capaz de seguir fortaleciendo su conducta y capaz de usar sus potencialidades.

Un profesor me dijo un día que la comunicación del hombre es hablar o decir algo de todo cuanto nos rodea. Sin embargo, si nos situáramos en la comunicación de muchos peruanos de hoy, y en edad escolar, ésta es la de no hablar o no decir nada, o si hablan o dicen algo, no es de todo cuanto les rodea, sino sólo de quiénes les rodean, y dentro del contexto de un chisme dicho en lenguaje distorsionado de lo que sería hablar o decir algo “bien dicho”.

No se puede negar que nos gusta hablar u oír de quienes nos rodean. Nos sentimos atraídos al chisme porque tiene en sí esa dualidad de candor y zorrería, pero que no nos ciega del discernimiento entre el bien y el mal. El peligro yace en que nuestra actual población estudiantil cree que el chisme es negocio. Que los puede hacer ricos o famosos. Entonces, si hay algo que hacer y decir desde la escuela, sino… ¿qué esperáremos de la siguiente generación que se hace adulta?                                                     

 

1 comentario:

  1. Es cierto esta generación tiene completamente distorsionada la concepción de comunicación madura, esto lo aprendió de sus padres que están llevan sobre sus espaldas conflictos emocionales no resueltos y llenos de envidias, rencores, etc, les trasmiten actitudes y emociones negativas a sus hijos, que en su condición de niños creen que está bien y que así debe ser. Para variar nuestra televisión basura trasmite contenido morboso y dañino, empeorando la situación. Hay que reeducar las emociones de los padres o por lo menos la forma como les trasmiten los valores y el manejo de las emociones a sus hijos, eso ayudará

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