
La
diferencia radica en que las mujeres tienen de su femineidad para darle ciertos
especiales sonidos y gestos al chisme. El hombre, es chismoso a secas, y no por
ello es menos chismoso que las mujeres.
Lo
importante acá no es definir qué género es más o menos chismoso, sino qué tanto
daña a la convivencia. Si referimos convivencia en el ambiente escolar, el
chisme es, o puede ser, bullying. Entonces, si todos sabemos que en la escuela el
chisme no se prohíbe ni se castiga, más bien se “celebra”, nada se estaría
haciendo en éstas por atender a un posible generador primario del bullying.
Veamos
el caso en el que dos alumnos se encuentran, y uno le dice al otro sobre un
tercero, que él o ella tiene pegado una servilleta en la suela del zapato. Los
tres se conocen. Hay un hecho y no un chisme. Entonces, las preguntas que
debemos hacernos los maestros serían: ¿cuándo es un chisme?, ¿cuándo es
bullying?, ¿qué hacer para qué no sea un chisme?, ¿qué hacer para qué no sea
bullying?, ¿qué y/o cómo regular la convivencia?, etc.
En
un análisis del caso, podría ser que por su naturaleza psicológica, genética o
cualquier otra, el primero pudiera haber gestado una sonrisa o, tal vez, una
preocupación ajena, o las dos reacciones al mismo tiempo, apenas se percató del
hecho. Si se sonrió y hubiera dejado ahí lo sucedido, no estaría mal. Si se
sonrío y, a la vez, se preocupó, y hubiera dejado ahí lo sucedido, tampoco
estaría mal. Pero, si se lo dijo a un segundo, es porque buscaba un aliado. Lo
malo estará en qué clase de aliado es el que buscó, y por o para qué.
Véase
como este simple ejemplo nos puede ayudar a los maestros a sentarnos juntos
para crear maneras y medios de atender una deficiencia que aqueja en las
escuelas y, lamentablemente, que sólo es percibida cuando se dan los penosos
resultados.
La
educación básica es justa y propiamente denominada así, porque requiere de la
labor pedagógica para cimentar las estructuras de quien más adelante será un
hombre capaz de seguir conociendo y aprendiendo, capaz de seguir fortaleciendo
su conducta y capaz de usar sus potencialidades.
Un
profesor me dijo un día que la comunicación del hombre es hablar o decir algo
de todo cuanto nos rodea. Sin embargo, si nos situáramos en la comunicación de
muchos peruanos de hoy, y en edad escolar, ésta es la de no hablar o no decir
nada, o si hablan o dicen algo, no es de todo cuanto les rodea, sino sólo de
quiénes les rodean, y dentro del contexto de un chisme dicho en lenguaje
distorsionado de lo que sería hablar o decir algo “bien dicho”.
No
se puede negar que nos gusta hablar u oír de quienes nos rodean. Nos sentimos
atraídos al chisme porque tiene en sí esa dualidad de candor y zorrería, pero
que no nos ciega del discernimiento entre el bien y el mal. El peligro yace en
que nuestra actual población estudiantil cree que el chisme es negocio. Que los
puede hacer ricos o famosos. Entonces, si hay algo que hacer y decir desde la
escuela, sino… ¿qué esperáremos de la siguiente generación que se hace
adulta?
Es cierto esta generación tiene completamente distorsionada la concepción de comunicación madura, esto lo aprendió de sus padres que están llevan sobre sus espaldas conflictos emocionales no resueltos y llenos de envidias, rencores, etc, les trasmiten actitudes y emociones negativas a sus hijos, que en su condición de niños creen que está bien y que así debe ser. Para variar nuestra televisión basura trasmite contenido morboso y dañino, empeorando la situación. Hay que reeducar las emociones de los padres o por lo menos la forma como les trasmiten los valores y el manejo de las emociones a sus hijos, eso ayudará
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