sábado, 18 de enero de 2014

Ojo, no es que no quiera trabajar



Parece que nadie es capaz de entender que la vida “está dura”. Digo dura, porque si de trabajo hablamos eres blanco seguro para la crítica de todo quien tiene, gracias a Dios, una buena chamba o una chambita segura, y tú no. No porque no quieras trabajar o no dures en ningún trabajo, sino porque “ya te tocó” lo que le suceden a los muchísimos de peruanos profesionales, técnicos o, simplemente, peruanos deseosos de trabajar: “no te renovaron el contrato”, “tuviste que renunciar ante tanto abuso de autoridad”, “no te pagan en fecha”, “te pagan de a puchos”, “no cumplieron con lo que te prometieron, encima te descuentan por todo”, “no tienes un título”, “no tienes una maestría”, “requieren gente con experiencia”, “te serrucharon el piso”, etc.       
Alguien dijo por ahí, al hablar de su trabajo, “no se gana, pero se goza”. Qué es lo que habrá querido decir; mejor ni saber. Otro, dijo: “a nada…”. Uno siguiente, dijo: “tengo que trabajar sí o sí”. Aceptable hasta aquí. Inaceptable, que haya gente  capaz de hacer lo que sea, sí “lo que sea”, para mantenerse en un trabajo. No sé si peor aún, pero hay quienes denigran el trabajo, y a su profesión u oficio, porque son prestos a emplearse de “franeleros”, “soplones” o “vasallos”.  

De haber gente floja, la hay. De haber gente que prefiere “ganarse el dinero fácil”, la hay. De haber gente que con trabajo no se supera, la hay. De haber gente que espera el nombramiento o la estabilidad laboral para dedicarse al reclamo, la hay. De haber trabajador desleal, lo hay. De haber trabajador que azuza las huelgas, lo hay. De haber trabajador que siempre falta o llega tarde al trabajo, si que los hay, y abundan hasta el penoso hecho de tener que premiarse al que no falta o llega temprano al trabajo. De haber trabajador que rompe con el buen clima institucional, lo hay. Pero, todo ello no exculpa la falta de trabajo, y si lo hay, tampoco justifica que Carmencita, tan sólo por darle una identificación a una de las tantas maestras trabajadoras, tenga que ser compensada con un sueldo nimio al de cualquier farandulero que, sin talento destacado, gana tan bien como para tener un departamento con vista al mar, una camioneta 4x4 y demás. Y, si ese alguien es extranjero o extranjera, ni que decir porque tú, él y yo, ya lo sabemos.

Lo duro está cuando ya nos tocó. Sí, cuando nos dejaron sin trabajo, y se hace difícil tener que empezar con esa búsqueda donde nos suelen decir o preguntar: “no llame, nosotros lo llamamos”, “aquí pagamos con recibos por honorarios”, “estará Ud. en un período de prueba de tres meses”, “¿tiene Ud. maestría?”, “¿por qué dejó Ud. su trabajo anterior”, “¿dónde hizo Ud. sus estudios”, “¿cuál es su pretensión salarial?” y, lo peor de todo, es que ni con aceptar ni responder a tales condiciones nos asegura que vayamos a conseguir el trabajo o no tengamos, en un corto tiempo, que volver a empezar con la búsqueda. Paciencia, más paciencia y suerte habrá que tener.
 
Continuará...      

                        

No hay comentarios:

Publicar un comentario